{Reseña} Darío Jaramillo: Indagación sobre los fantasmas (Pre-Textos)

Maquetación 1

El Diccionario de Estética de Etienne Souriau define fantasma como «Aparición o visión ilusoria que presenta un cierto carácter de extraño, de fantástico, de maravilloso. La fantasmagoría es el arte de hacer aparecer tales fantasmas». El Diccionario de la RAE, más lacónico, establece que un fantasma es la «Imagen de una persona muerta que, según algunos, se aparece a los vivos» (obsérvese el escepticismo de según algunos). Pues bien, a estos compañeros etéreos de la humanidad que han poblado la imaginación del ser humano desde la más remota antigüedad está dedicado Indagación sobre los fantasmas, el último libro del escritor colombiano Darío Jaramillo Agudelo que ha sido publicado por Pre-textos con su esmero habitual dentro de la colección Textos y Pretextos.

El interés y la fascinación por los fantasmas de Darío Jaramillo viene de muy antiguo y se debe a una paradójica circunstancia que él explica: «No tengo ninguna experiencia directa y consciente con fantasmas. Nunca se me ha aparecido ninguno. Nunca. Por ese mismo motivo soy un experto en fantasmas y ese interés nace de una pregunta paranoica: ¿qué me ven los fantasmas para omitirme de tal manera?¿Me desprecian?¿Me temen?». Jaramillo se descubre como un curioso y aplicado fantasmólogo que ha tenido que bucear en la gigantesca bibliografía sobre el tema, desde la más rigurosa hasta la más sensacionalista; de la más crédula a la totalmente escéptica. Pero Indagación sobre los fantasmas no es un catálogo de todas las obras literarias o testimonios sobre fantasmas, cosa que sería inabarcable, sino una muestra de los tipos arquetípicos, de las tradiciones principales, de los grandes hitos literarios, siempre partiendo de los gustos del autor colombiano y de su experiencia lectora. Darío Jaramillo, que no es folclorista, ni mitógrafo ni estudioso de temas paranormales, se enfrenta a su investigación como poeta, probablemente la mejor manera y más fructífera forma de acercarse al tema.

Este ensayo se compone de un apreciable número de historias, leyendas, poemas y textos de todo tipo (teológicos, filosóficos, científicos, literarios) salpicados sabiamente con imaginativas reflexiones personales de Darío Jaramillo y respaldados por el uso de una amplísima cantidad de citas textuales, bibliografía y notas —especial provecho les saca a los imprescindibles La historia de los fantasmas de Roger Clarke (Siruela) y la recopilación de Eduardo Berti Fantasmas (Adriana Hidalgo Editora)—, unas citas que constituyen una parte bastante importante del libro. Indagaciones, que se escribió entre marzo de 2014 y octubre de 2020, tuvo su origen en una conferencia que leyó Jaramillo en el congreso de la UNAM titulado Fantasmas bajo la luz eléctrica.

La ausencia de aventuras fantasmales en mis vigilias pudo haberme llevado a la fácil –e irracional– actitud de negar su existencia. Por lo que sé, existen fantasmas que no reconocen la existencia de los seres humanos, posiblemente por la misma razón, porque nunca han visto a un individuo de nuestra especie. Puede darse el raro caso de fantasmas que acepten la existencia de los seres humanos y que no se les manifiesten simplemente por temor.

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Se puede recontar la historia de los fantasmas según las religiones imperantes, según las costumbres de cada época, según los filósofos. Se puede mencionar la manera como los científicos han tratado a los fantasmas (tal vez sin tomar en cuenta que ya había muchos fantasmas antes de que existiera el primer científico), y uno llega al punto de que, habiendo estado los fantasmas presentes desde siempre en la tradición oral de todos los pueblos y habiendo surtido esas narraciones a los más grandes clásicos, el más apropiado territorio de los fantasmas es la literatura. Para empezar, allí nadie les va a preguntar si, de verdad, existen, ni nada por estilo. Y lo que hace la literatura es darles un papel, conferirles continuidad para hacer emocionantes las historias.

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En compensación a su potencial literario, los fantasmas están, desde sus orígenes, en las obras más esenciales de la literatura. La lista es tan apabullante (Homero, Virgilio, Ovidio, Dante, Chaucer, Gio-vanni Boccaccio, Cervantes, Shakespeare, Dickens, Rulfo, García Márquez…) que mejor sería jugar a encontrar un gran autor que no haya tropezado con fantasmas. El tema siempre estuvo ahí.

[…]

Si bien es cierto que los fantasmas siempre han mostrado predilección por habitar en las naciones más septentrionales y brumosas («En las islas británicas abundan los fantasmas, casi siempre asociados a un edificio o a un hecho trágico»), los podemos encontrar en todas partes y en todos los tiempos. En los primeros testimonios escritos de los egipcios y los sumerios, ya hay espectros. Y en la más antigua saga conocida, la de Gilgamesh, donde ronda el fantasma de Enkidú. Oriente también es fértil en espectros; cabe recordar a los famosos yūrei japoneses que, en todas sus variantes, pueblan las leyendas y la literatura niponas. Comienza Jaramillo con los primeras informaciones sobre fantasmas y otras entidades espirituales que ya aparecen en la literatura clásica y antigua (Homero, Plutarco, Filóstrato). Es, sin embargo, Plinio (Cartas, libro VII, Carta XXVII) el primero en describir una aparición fantasmal típica, repetida una y mil veces después: un espectro se aparece al nuevo propietario de una casa que tras investigar descubre un cadáver enterrado de forma oculta y precipitada en el exterior de la vivienda. Tras ser inhumados los restos realizando todos los preceptivos ritos religiosos, el fantasma deja de aparecerse. He aquí una de las constantes de las apariciones espectrales: el fantasma se corresponde a una persona que no fue enterrada adecuadamente (también puede que muriera de forma violente e inesperada), o bien que dejó algún asunto o promesa importante pendiente, sea sentimental, familiar, o económica.

La llegada del Cristianismo a Europa produce un ligero cambio, ya que la indagación de teólogos se centra en la naturaleza de ángeles y demonios (que usualmente se confunden con los fantasmas) y en el Purgatorio. Este último, con sus infinitas ramificaciones de orden teológico, supone el reconocimiento de que las almas de los fallecidos pasa por un periodo de purificación y, por consiguiente, podría ser posible su comunicación excepcional con los vivos en determinadas circunstancias.

En el tercer capítulo Jaramillo hace un breve repaso por las repuestas de algunos filósofos al problemas de los fantasmas. Quizás, es el capítulo más prolijo debido a incorporación de extensos fragmentos de los filósofos —que han embrollado más que explicado, la verdad—. En general, no hay afirmaciones tajantes de los pensadores tratados. Spinoza no creía en ellos («En cuanto a los espectros o fantasmas, aún no ha llegado a mis oídos ninguna propiedad inteligible suya, pero sí características que le atribuyen por la imaginación y que nadie puede comprender»), tampoco Kant, pero sí Emanuel Swedenborg, y con reservas, Schopenhauer. Curiosamente, con el avance de las ciencias experimentales crece el interés por los fantasmas: el descubrimiento de fenómenos como la electricidad y el magnetismo provoca nuevas teorías sobre la existencia de los fantasmas, que son invocados en infinitas sesiones de espiritismo con muy escasos resultados.

Lo que sí es cierto es que desde el iluminismo los fantasmas pasan de habitar el mundo de la religión y del pensamiento abstracto al mundo de la literatura y el arte (y ahí siguen). Interpretaciones de tipo psicológico, antropológico, religioso, mitológico y cultural han intentado explicar las pervivencia de este fenómeno de alcance universal son recogidas por nuestro poeta, que aporta además interesantes reflexiones personales sacadas de multitud de ejemplos. Por ejemplo, explica que «no todos los fantasmas fueron gente y no toda la gente se convierte en fantasma», y propone la hipótesis de que «habrá otros mundos llamados Más Allás, alguno que visitó Odiseo, otro que vislumbró Dante, otro más que vislumbró Swedenborg, y así, todo reales, todos diferentes, todos infinitos». En uno o en varios de estos Más Allá habitarían los fantasmas, por tanto.

En general, los fantasmas hablan poco y son monotemáticos. A veces, el espectro se niega a aceptar su nueva condición, y es su propia familia la que debe ayudarlo mediante ciertos rituales a abandonar el mundo de los vivos. Como todo el mundo sabe, los fantasmas tienen lugares predilectos: un castillo, una casona vacía, un cementerio, un museo cerrado, son sitios habituales de sus apariciones y travesuras. Además de fantasmas individuales hay fantasmas colectivos, como los muertos que se muestran en el aniversario de la batalla en ese mismo lugar. También hay lugares que en sí mismos son fantasmales: casas, cementerios, barcos, trenes… incluso hay cosas que pueden participar de la fantasmidad, como un cuadro, por ejemplo. En fin, la taxonomía y sociología de los fantasmas es un tema amplísimo que el lector puede investigar leyendo buenos relatos fantasmales, de los que también da amplia noticia Darío Jaramillo en Indagaciones.

El libro finaliza con el brevísimo cuento de Darío Jaramillo titulado Final incluido en Fantasmas (2013) que incide en el tema del doble o desdoblamiento fantasmal. Termina así:

Levanté la vista y me vi en la cama. Extraño, mucho más que extraño: aterrador. Parpadeé, sin entender: ¿dónde estaba yo?, aquí frente al computador o allá, tirado en la cama?
Fui hasta la cama.
Efectivamente ahí yacía yo, inmóvil. Pensé varios segundos. Moví el cuerpo que sentí inerte. Estaba muerto.
Ahora, yo era un fantasma.

Indagación sobre los fantasmas, que está llamado a ser uno de los más importantes ensayos sobre los fantasmas escritos en lengua española, es un libro lleno de erudición, de ironía y, sobre todo, de buena literatura. Harían bien en conseguir un ejemplar lo antes posible.

Puntuación: 5 (de 5)
Pre-Textos (2022)
Colección: Textos y Pretextos, 1760
420 págs.

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dario

Darío Jaramillo Agudelo nació en Santa Rosa de Osos (Antioquia, Colombia) en 1947. Ha publicado nueve libros de poesía: Historias (1974), Tratado de retórica (Premio Nacional de Poesía, 1978), Poemas de amor (1986, 2013), Del ojo a la lengua (ilustraciones para diez grabados de Juan Antonio Roda, 1995), Cantar por cantar (Pre-Textos, 2001), Gatos (Pre-Textos, 2005), Cuadernos de música (Pre-Textos, 2008), Sólo el azar (Pre-Textos, 2011) y El cuerpo y otra cosa (2016). De su poesía se han hecho tres reediciones completas: 77 poemas (Universidad Nacional, 1987), 127 poemas (Universidad de Antioquia, 2000) y Libros de poemas (Fondo de Cultura Económica, 2003), y varias selecciones parciales entre las que se cuentan Antología poética (1991), Cuánto silencio debajo de esta luna (1992), Razones del ausente (1998), Aunque es de noche (Pre-Textos, 2000), Del amor, del olvido (Pre-Textos, 2009) y Basta cerrar los ojos (Era, 2015). También ha publicado el libro en prosa Guía para viajeros (1991); un texto autobiográfico, Historia de una pasión (Pre-Textos, 2006); el ensayo Poesía en la canción popular latinoamericana (Pre-Textos, 2008) y un Diccionadario (Pre-Textos, 2014); además, las novelas La muerte de Alec (1983; Pre-Textos, 2013), Cartas cruzadas (1993), Memorias de un hombre feliz (2000; Pre-Textos, 2010), El juego del alfiler (Pre-Textos, 2002), Novela con fantasma (Pre-Textos, 2004), La voz interior (Pre-Textos, 2006) e Historia de Simona (Pre-Textos, 2011).

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