{Reseña} Luis del Pino: La dictadura infinita (Esfera de los Libros)

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El día 7 de enero de 2021 la redes sociales Twitter, Facebook e Instagram anunciaban el bloqueo de las cuentas del presidente de los Estados Unidos Donald Trump. Que el hombre más poderoso de Occidente —ya no se puede decir del mundo: ese título le corresponde a Xi Jinping— fuera cancelado sin orden judicial alguna supuso para muchos la constatación visible e incontestable de que el poder real había escapado por completo del control de las instituciones democráticas para estar sometido a un terrorífico conglomerado de gigantescas empresas transnacionales de tecnología y comunicación. Fue la contemplación atónita de este hecho lo que hizo pasar al autor de La dictadura infinita, el ingeniero y periodista Luis del Pino, de ser optimista sobre el futuro de nuestra civilización a mostrar cierto pesimismo resignado sobre el mismo. El título puede inducir a error sobre su contenido y hacer pensar que se trata de uno de esos libros heterodoxos sobre complejas teorías de a conspiración. No es el caso de La dictadura infinita, un ensayo muy bien fundamentado y organizado que ofrece estimulantes ideas sobre los procesos históricos que atañen a la vida de las civilizaciones.

El autor insiste en que no está empíricamente demostrado que el progreso, la prosperidad y las libertades logradas por nuestra civilización occidental sean eternas o estén consolidadas. Es más, existen numerosas ejemplos de civilizaciones avanzadas que desaparecieron sin dejar siquiera memoria a las que las sucedieron, por ejemplo Sumeria o la cultura maya. En primer lugar, Luis del Pino establece una analogía interesante entre el colapso que sufrió la República romana —no el Imperio, que sucumbiría siglos después— en el siglo I a.C. con la situación actual en la que se encuentran los Estados Unidos como país líder de Occidente. Paradójicamente, tras la victoria definitiva contra su mayor enemigo —Cartago y la URSS, respectivamente— ambas repúblicas comienzan a implosionar bajo sus propios conflictos internos, lo que se manifiesta en el rápido deterioro de las instituciones y de los procesos electorales, en el crecimiento de la corrupción política y el avance de la demagogia.

En el capítulo que lleva el descriptivo título de Los agoreros el autor realiza una semblanza personal e intelectual de los dos historiadores que más influencia han ejercido en el siglo XX, Oswald Spengler  y Arnold Joseph Toynbee. Para el primero, las civilizaciones tienen un ciclo vital y no hay nada que podamos hacer eludir el curso de la historia. Por su parte Toynbee piensa que la historia no está escrita y que una «minoría dirigente bienintencionada podría que el Estado universal se constituya, no por conquista, sino por libre cooperación entre los pueblos». En cualquier caso, ninguno de los dos historiadores era un demócrata, sino más bien partidarios de una «dictadura benevolente».

Les invito a acompañarme en un pequeño viaje por la historia, en el que podrán comprobar que no hay nada nuevo bajo el sol, que no estamos viviendo nada que otros seres humanos no hayan vivido anteriormente, que no estamos afrontando ningún problema que no hayan afrontado ya las generaciones pasadas.

Las sociedades humanas son enormemente diversas, es verdad. Pero lo que no lo es tanto es la naturaleza humana: seguimos siendo iguales, en lo fundamental, a quienes vivieron en otros tiempos y en otras latitudes. Las mismas ambiciones, las mismas miserias, las mismas luchas por el poder y el dinero, las mismas pulsiones destructivas…

Por mucho que nos guste pensar lo contrario, las palabras de Mitrídates, recogidas por el historiador romano Salustio hace veinte siglos, están hoy más vigentes que nunca: «No es verdad que los hombres y los pueblos anhelen libertad; la mayoría se conforma con tener un amo benévolo». Pero los amos benévolos son la excepción, no la norma. Hoy, como ayer, quien tiene dinero desea poder. Quien tiene poder, anhela el dinero. Y quien tiene las dos cosas, se complace en demostrar que su voluntad está por encima de las leyes y de los demás seres humanos. Nada ha cambiado, a ese respecto, desde que los sumerios construyeron la primera civilización de la historia, hace 5.500 años.

Los seres humanos, tanto amos como esclavos, siguen siendo iguales a sí mismos. Nuestras alegrías y nuestras tristezas, nuestras preocupaciones y nuestros desahogos son iguales hoy que en la Roma republicana o en la China de la dinastía Zhou. No es extraño, por tanto, que las distintas civilizaciones y épocas presenten a veces extraordinarias similitudes, a pesar de contar con evidentes diferencias.

La tercera parte, Errores de nuestros padres, traza la historia del apaciguamiento de las potencias europeas ante el nacionalsocialismo alemán. A pesar de se conocían las leyes racistas contra los judíos y que éstos intentaban huir de Alemania, las fronteras de los países europeos permanecieron cerradas y sólo una minoría pudo emigrar y salvar la vida. Si no hubiera sido por las prisas anexionistas de Hitler seguramente Europa hubiera aceptado todas las reclamaciones territoriales alemanas para evitar una guerra, que era el único anhelo verdadero de la recién creada Sociedad de Naciones creada tras la Primera Guerra Mundial. Pues bien, la situación de apaciguamiento que vivimos ahora con China tiene analogías sorprendentes con la Alemania de Hitler: sabemos que China es un feroz estado totalitario y que está cometiendo un genocidio con los musulmanes uigures y kazajos. Sin embargo, los países occidentales prefieren mirar para otro lado y ceder en todas las facetas de los derechos humanos y la economía.

Para contrarrestar este estado de cosas y revertir la vertiginosa decadencia occidental el autor propone tres actuaciones: romper amarras con dictaduras y los países totalitarios, reindustrializar Occidente para evitar la dependencia económica exterior, y fomentar la democratización del mayor número de naciones. Nada de esto se está haciendo; más bien al contrario: comprobamos la involución democrática de importantes partes del mundo (como ocurre de manera evidente en Hispanoamérica), la contemporización con dictaduras liberticidas y la total sumisión económica a China.

La pregunta importante es: ¿por qué las propias élites occidentales contribuyen a la destrucción de Occidente? Para Luis del Pino, la respuesta es la creación de una compleja trama de intereses económicos y empresariales, la configuración de enormes redes clientelares a nivel global, y la imposición por esas élites de la nueva religión climática —a la que todo queda subordinado— que han dejado inerme a nuestra civilización. Aquí creo que el autor se queda corto en su explicación ya que no tiene en cuenta un aspecto previo de capital importancia para entender este fenómeno y que no es otro que el fomento y triunfo de todas las ideologías disolventes y relativistas que han convertido el legado gigantesco de la civilización occidental en un sinfín de agravios, errores y culpas, en general imaginarios. Por último, hay que señalar también lo bien escrita que está La dictadura infinita, lo que hace que su lectura avance a toda velocidad. Una lectura muy sugerente, sin duda.

Puntuación: 4 (de 5)
Esfera de los Libros (2022)
Colección: Ensayo
310 págs.

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Para aquellos que vivimos en su día la caída del Muro de Berlín y el colapso de la Unión Soviética, la situación actual nos plantea un enigma sorprendente: ¿cómo es posible que el mundo occidental, que había salido victorioso de la Guerra Fría, haya terminado perdiendo la partida ante las fuerzas antidemocráticas, tanto internas como externas? ¿Cómo es posible que la propia democracia liberal esté dando cada vez más muestras de colapso en Occidente, mientras en el resto del planeta resurgen con fuerza los totalitarismos que creíamos derrotados?

En las páginas que siguen, echaremos la vista atrás para tratar de ver qué hicieron otros pueblos, otras sociedades, enfrentados a los problemas que atenazan hoy en día a la civilización occidental. Y veremos que, para nuestra desgracia, Occidente está volviendo a cometer los mismos errores del pasado. Lo que quiere decir que, quizá, no podamos evitar los desastres que ya demostraron en su día ser consecuencia de esos errores». (Sinopsis de la editorial)

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Luis del Pino (Madrid, 1962) es ingeniero de Telecomunicaciones y dirige desde hace doce años el programa de tertulia política Sin complejos en esRadio, los sábados y domingos de 8 a 11 de la mañana.

Ha escrito varios libros sobre tecnología informática, incluido el primero sobre realidad virtual publicado en idioma español. También es conocido por sus trabajos sobre la investigación del atentado del 11-M de 2004 en Madrid (11-M. Golpe de régimen, publicado en 2007 en esta editorial). Ha traducido numerosas obras de electrónica, informática y comunicaciones, y colabora con distintos medios de comunicación, aparte de su trabajo en Libertad Digital/esRadio.

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