{Reseña} Luis Loayza: Otras tardes (Pre-Textos)

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A Luis Loayza muchos lectores españoles lo conocíamos (sin saberlo) por ser el traductor —magnífico, por cierto— de autores tan importantes y ampliamente editados como Nathaniel Hawthorne, Arthur Machen y Thomas de Quincey. Desgraciadamente Loayza falleció el pasado mes de marzo en París, así que sirva este breve comentario como homenaje a un autor bastante desconocido por estor lares.

Autor de una breve y compacta obra (apenas dos libros de cuentos, una novela y tres tomos de ensayos), es considerado un escritor de culto, casi secreto, desde que publicó su primer libro de cuentos, El avaro, en el lejano 1955. Otras tardes es su última aportación al género narrativo y fue publicado en Lima en 1985. Consta de seis relatos de corte realista y urbano, aunque, en realidad, los cuatro primeros (Otras tardes, Enredadera, Padres e hijos y La segunda juventud) son casi como novelas en miniatura (o proyectos de novelas, tal es el alcance y la potencialidad de argumentos y ambientaciones). El volumen se completa con Fragmentos y Fragmentos: ajedrez, dos piezas magníficas de mayor carácter anecdótico y de escritura más lírica. En palabras de José Muñoz Millanes, prologuista de esta edición: «Las narraciones de Loayza son breves porque su trama se centra en un corte en el tiempo correspondiente a una ruptura de la rutina de la normalidad». En ellos, los protagonistas, especialmente el narrador, deambulan aburridos por la ciudad de Lima (y Miraflores), hastiados del trabajo y ocio cotidiano, afectados por el clima plomizo, postergando todas sus decisiones y responsabilidades (como los personajes de Pavese) y viviendo en una especie de tiempos muertos a la espera de la clarificación de su situación presente. Su lectura deja una cierta desazón, acrecentada por el carácter retrospectivo y melancólico de la escritura.

PARA la primera clase tuvieron que cambiar de aula porque, como suele ocurrir cuando empiezan los cursos universitarios abiertos al público, vino más gente de lo previsto: alumnas y alumnos de la facultad, por supuesto (una chica tomaba notas, sin levantar una sola vez la cabeza, en un cuaderno que tenía apoyado sobre las rodillas), señoras de cierta edad que debían aburrirse en casa y distinguían aún en torno a la universidad el aura mágica de la «cultura», aunque fuera difícil imaginar en ellas un interés por la literatura peruana de la colonia, tema del curso, y señores que tal vez pasaban por la calle y decidieron probar suerte, como uno entra a un cine porque le sobran un par de horas. En todo caso, la mayoría no volvió a la semana siguiente, desanimada por el fárrago de fechas, ediciones y variantes con que empezara; regresaron a la pequeña sala que le habían designado en un comienzo y donde Carlos dictaría las lecciones restantes. A partir de entonces fueron el puñado de personas que resistiría hasta el final –si bien unos cuantos, entre ellos la chica de las notas, desertaron a medio camino– y sólo esa segunda tarde advirtió Carlos la presencia de Ana, aunque ella le aseguró después que había asistido a la primera clase, pero sentada al fondo de la sala y detrás de una señora con un gran sombrero.

[…]

Era casada, se lo dijo la próxima vez que se encontraron terminada la clase, salieron juntos como si estuviese convenido y él volvió a llevarla hasta el parque. En el auto hablaron vagamente del curso y Carlos le ofreció prestarle algunos libros. «Se los traigo a su casa», le dijo. «O tal vez sea mejor que nos veamos en alguna parte, tomar un café.» Naturalmente, Ana podía responderle que le llevara los libros a casa y conociese a su marido o que los trajera a la universidad la semana siguiente.

Lo más remarcable de los relatos de Otras tardes es que en tan breves páginas el autor sea capaz de trazar con tanta maestría y economía de medios la vida cotidiana y los conflictos de una porción de la sociedad limeña, así como las ansiedades de unos personajes psicológicamente complejos e indecisos que viven conflictos familiares y sentimentales cerrados en falso y abiertos después de muchos años. Toda una lección de condensación narrativa.

Estilísticamente hablando, Luis Loayza siempre tuvo fama de ser un prosista consumado. Para su compatriota Mario Vargas Llosa, la prosa de Loaysa es «tan persuasiva, limpia y clara, impregnada de ideas, de buen gusto, juiciosa y delicada, que enaltece al autor tanto como al que la lee». Así que sólo resta disfrutar de este estupendo libro de relatos, además tan bellamente presentado por Pre-textos.

Puntuación: 4 (de 5)
Pre-Textos (2017)
Colección: Narrativa contemporánea
Prólogo: José Muñoz Millanes
164 págs.

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De Luis Loayza se reclama de forma insistente (y con razón) un merecidísimo reconocimiento: que, de un autor “secreto”, de “culto”, para los buenos conocedores de la literatura peruana, pase a ser ampliamente leído como un escritor de primer orden en el ámbito de la lengua.
La obra de Loayza en su conjunto se suele erróneamente considerar breve porque su variedad y su publicación espaciada y en editoriales muy distintas han hecho que con frecuencia sea conocida sólo de manera parcial. Pero hay en ella una tendencia a la parquedad que no es meramente cuantitativa, que responde a una necesidad interna, a cierta profunda actitud del escritor. Consta de narraciones, ensayos y traducciones. Y lo que inspira y relaciona estas tres facetas es su condición de lector sensible, inteligente y culto que traduce a fin de leer más intensamente los autores que en especial le interesan o por los que siente mayor afinidad. A este respecto resulta significativo que el magistral análisis del Ulises de Joyce (contenido en Libros extraños, Pre-Textos, 2000) se base en la experiencia de su lectura. Loayza es, en suma, un excelente escritor, que se singulariza por la sutileza, discreción y engañosa sencillez de su narrativa. Y por la transparencia, sobriedad y tersura de su prosa.
El presente volumen reúne el material narrativo producido por Loayza después de los relatos publicados en El Avaro y otros textos, y parte de la edición peruana de Mosca Azul Editores, Lima, 1985, a la que se le ha añadido una introducción de José Muñoz Millanes y el relato final Ajedrez. (Sinopsis de la editorial)

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Luis Loayza (Lima, 1934 – París, 2018) ha publicado tres libros de relatos: El avaro y otros textos, Una piel de serpiente y Otras tardes, y tres libros de ensayos: El sol de Lima, Sobre el Novecientos y Libros extraños. También ha traducido del inglés algunos prosistas del siglo XIX: Thomas de Quincey, Nathaniel Hawthorne, Robert Louis Stevenson, Arthur Machen. Ha trabajado como traductor en organismos internacionales, primero en Nueva York y luego en Ginebra. En 2010 la Universidad Ricardo Palma publicó en Lima su obra reunida, en dos volúmenes, uno con su narrativa Relatos, el otro con su ensayística Ensayos.

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