{Reseña} Rafael García Serrano: Eugenio o la proclamación de la primavera (Almuzara)

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La ya imprescindible editorial Almuzara acaba de lanzar una nueva colección, La Guerra Civil contada por sus protagonistas, en la que se publicarán algunas obras literarias y ensayísticas de indudable valor de autores que vivieron en primera persona la contienda —de cuyo fin se cumplen ochenta años— y que permanecían inaccesibles desde hace tiempo. El objeto de este comentario es la primera novela de Rafael García Serrano: Eugenio o proclamación de la primavera.

García Serrano fue uno de los muchos estudiantes universitarios y escritores en ciernes —algunos casi adolescentes— que se sintieron fascinados por la figura de José Antonio Primo de Rivera y que ingresaron en la Falange en los meses previos al estallido la guerra. Eugenio o proclamación de la primavera, dedicada a José Antonio («Para mayor gloria del César joven»), está inspirado en su camarada Eugenio Lostau Román (al que entonces creía muerto) y es una obrita interesante y rara dentro del panorama de la literatura española. Escrita entre abril del 36 y noviembre del 37, fue publicada en Bilbao por Ediciones Jerarquía en 1938 mientras su joven autor casi agonizaba de tuberculosis en un hospital de campaña.

Gran parte de la obra novelística del escritor y periodista navarro, incluida Eugenio, se centra en sus experiencias en la contienda civil, destacando especialmente por sus novelas La fiel Infantería (1943) y Plaza del Castillo (1951). Rafael García Serrano hasta el final de su vida permaneció fiel a su convicciones falangistas, de modo que su obra ha sido arrinconada por la crítica y la industria editorial por declaradas fobias políticas y personales. Sin embargo, es un autor de mérito, con un estilo muy personal, y sus novelas resultan ágiles e impactantes.

He cerrado mis libros. Estoy cansado y voy a sumergirme en el rumor de la ciudad, con definitiva vocación de paseante. Eugenio me espera después de su trabajo. Vamos andando en silencio. Por la Gran Vía circula la prisa. Eugenio, que ahora lee un libro sobre San Ignacio, dice sin mirarme:

-Es una gran verdad: San Ignacio no tuvo sentido estético. Hubiera derruido el Partenón durante una fiesta pagana. ¿Seríamos nosotros, estudiantes de arte, capaces de hacer lo mismo?

Y yo, cobarde, en lugar de dar la respuesta única, tomo dos entradas para cualquier espectáculo cómodo.

El autobús va lanzado entre naranjales. Desde el mediodía, éste es el paisaje que vemos aun cerrando los ojos. Hay por el aire un olor de poemas redondos, vedados a nuestras plumas ardientes. Queremos respirar el Mediterráneo con suavidad para ir aprendiendo a mirar más lejos. La calma: ahora el autobús trasciende a carabela. Y al tocar puerto amigo -plaza de Castelar, Valencia-, los periódicos vocean noticias recientes: disolución de Cortes. Elecciones.

***

Eugenio me ha escrito desde la cárcel. Nada de lo que dice en mi favor es interesante. En cambio, qué hermosa seguridad la de su despedida: Y te juro por Dios que venceremos. Así, sin adornos ni admiraciones. Con la galanura clásica de nuestro estilo. Su léxico duro me dice que es verdad. Nunca mintió Eugenio; desde su personal primavera; desde que me descubrió el Mar; nunca habló más que verdades y profecías. Luego supo batirse –él, adolescente– con rango viril. La carta recibida me da tanta confianza, que salgo tranquilo de la Facultad. Si registrasen mi cartera encontrarían más de un motivo razonable de detención.

Eugenio o la proclamación de la primavera, más que novela, es una colección de breves cuadros de fuerte carácter simbólico escritos en primera persona por Rafael sobre la vida de su amigo Eugenio. Tanto Eugenio (de San Sebastián) como Rafael (de Pamplona) son estudiantes de Filosofía y Letras en Madrid. Eugenio es un convencido falangista que, hastiado del conformismo burgués y del estancamiento parlamentario, es capaz de abandonar sus lazos con la familia, el amor de una muchacha y sus estudios por el ideal supremo de lealtad a sus camaradas, sacrificio y lucha hasta la muerte.

En sus pocas paginas confluyen todos los mitos fundacionales del falangismo: nostalgia del Imperio, Felipe II, El Escorial, los poetas soldados del Renacimiento (sobre todo Garcilaso), san Ignacio de Loyola, el culto a la muerte gloriosa, heroísmo, etc. Eugenio no exhibe el estilo rotundo y descarnado de sus obras posteriores, sino uno más preciosista y poético (a lo Foxá o Ximénez de Sandoval) que contrasta con la exaltación de la violencia política y revolucionaria narrada. Obra de juventud y de trinchera («no lloran porque han de honrarle con fiesta de pólvora y asalto»), escrita en una bonita prosa deudora del Giménez Caballero más exaltado y de las vanguardias, se lee de un tirón y nos da una visión de los comportamientos de esos jóvenes radicales e idealistas de ambos bandos que, abandonando cualquier racionalidad y piedad, se vieron envueltos en una espiral de violencia y venganza difícil de entender desde la mentalidad actual.

Esta edición de Almuzara se completa con un anexo que contiene tres prólogo del autor para sendas reediciones de Eugenio realizadas en 1945, 1972 y 1981. Además se incluyen numerosas ilustraciones realizadas para esta obra por Isabel Sánchez Marqués. De modo que Eugenio o la proclamación de la primavera es un título más que recomendable y una necesaria recuperación de uno de los mejores cultivadores del género novelístico en de posguerra española.

Puntuación: 4 (de 5)
Editorial Almuzara (2019)
Colección: Historia
Prólogo: Eduardo García Serrano | Estudio histórico: Fernando Calvo
128 págs.

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Eugenio o proclamación de la primavera, novela plena de violencia e idealismo, constituye el canto a una juventud considerada heroica y llamada al sacrificio, tanto si esos jóvenes llevaban camisa azul u ondeaban rojas banderas. Para entenderlo con nuestra mentalidad actual, hay que conocer las circunstancias que engendraron el fenómeno y las lecturas que alimentaron a una generación autopredestinada a luchar sin cuartel en los campos de batalla de la piel de toro por considerar que las opciones intermedias, democráticas, habían cumplido indecorosamente su ciclo y debían dejar paso a soluciones extremas, buscando atajos que en la Historia suelen desembocar en precipicios.

Una obra que renace del olvido y se enriquece con unas ilustraciones oníricas que buscan aliviar sus más duros pasajes. (Sinopsis de la editorial)

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Rafael García Serrano (Pamplona, 1917 – Madrid, 1988) combatió en la Guerra Civil española primero como voluntario de Falange y luego como alférez provisional en el arma de Infantería, resultando gravemente herido en el frente de Teruel. Tras una larga convalecencia, se dedicó ya en la posguerra al periodismo y a una obra literaria centrada principal –pero no exclusivamente– en la contienda. Premio Nacional de Literatura “José Antonio Primo de Rivera” en 1943 gracias a su novela La fiel Infantería (retirada de la circulación por los censores), escribió también Plaza del Castillo, La paz dura quince días, La ventana daba al río… y en 1964, a los “XXV años de Paz”, una obra imprescindible para conocer la guerra a ras de trinchera: el monumental Diccionario para un macuto. Eugenio o proclamación de la primavera fue su primera novela. Escrita en el primer y prebélico semestre del año 36, el joven Rafael García Serrano planeaba entregársela en mano a José Antonio, sueño que quedaría truncado por el estallido de la guerra y por el fusilamiento del fundador de Falange en Alicante el 20 de noviembre de ese mismo año. Eugenio es una especie de largo poema en prosa rebosante de juventud, mensajes radicales, dialéctica de puños y pistolas, idealismo y destellos épicos y líricos dedicados a “los camaradas que murieron por la Revolución Nacionalsindicalista”.

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