{Reseña} Cantar de Valtario (Reino de Cordelia)

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Creo que la mayoría de lectores en lengua española tuvieron contacto por primera vez con determinadas literaturas medievales  muy especialmente con algunas obras poco divulgadas del ciclo artúrico con la mítica colección Selección de lecturas medievales de la editorial Siruela. Afortunadamente, Reino de Cordelia está recuperando algunos títulos que, bien traducidos por Luis Alberto de Cuenca o bien editados por él mismo, aparecieron hace más de treinta años en esa colección. El Cantar de Valtario («Waltharius») es un poema en 1.456 hexámetros latinos cuyo argumento proviene de una antigua saga germánica. Su autoría es controvertida: se ha venido atribuyendo al monje suizo Ekkehard I de San Gall (900 – 973), a un sucesor suyo, Ekkehard IV (siglo XI), y a un tal Geraldo, el firmante de la dedicatoria inicial. Sea como fuere, la editio princeps del Waltharius apareció en Leipzig en 1780 y desde entonces la literatura crítica que ha suscitado la obra es abundantísima. Hay que ponderar la magnífica traducción del filólogo y poeta Luis Alberto de Cuenca —que le valió el Premio Nacional de Traducción—, una versión fresca que huye de la sentenciosidad de la mayoría de las traducciones latinas, incluidas las de ficción.

Durante las invasiones de los hunos, Atila se llevó como rehenes a tres príncipes herederos cuando eran niños: Valtario de Aquitania, Hildegunda de Burgundia y Haganón de los francos. Años después, Haganón escapa para volver a su tierra y después lo hacen Valtario e Hildegunda, que habían sido prometidos en matrimonio desde niños. Lo que parece el inicio de una sosa historia amorosa desemboca en una irónica y sangrienta —más bien gore— cadena de combates entre Valtario, que pretende atravesar el territorio de los francos con Hildegunda y un tesoro que robó a Atila, con Guntario, rey de los francos y diez de sus caballeros, incluido Haganón. Uno a uno van al encuentro de Valtario y todos van cayendo decapitados, destripados o desmembrados. Cuando sólo quedan Hanagón y Guntario, acometen al Valtario en un a lucha final que tiene como resultado que Valtario pierde una mano, Hanagón pierde un ojo y Guntario pierde una pierna. Sin embargo, la obra finaliza casi jovialmente entre los los tres supervivientes mostrando que en las lides caballerescas medievales no tiene cabida el rencor ni la aflicción. Cantar de Valtario es una obra que carece de las complejas interpretaciones simbólicas y alegóricas de muchas de las novelas artúricas —especialmente las relativas a la historia de Perceval— ya que «aspira más a divertir que a elevar plegarias al Señor; leyéndolo, se te harán más cortas las horas del día interminable», como escribe en el preámbulo el enigmático Gerardo.

LA TERCERA PARTE DEL MUNDO, hermanos, se llama Europa. Sus pueblos difieren entre sí en el nombre, la lengua y las costumbres, distinguiéndose también por la religión y por el culto a dioses diferentes. Notorio es entre ellos el pueblo de Panonia, al que por lo común solemos llamar de los Hunos.

Este pueblo valiente, superior a los demás en coraje y destreza en el uso de las armas, extendió su dominio no solo por las regiones circundantes, sino también por las situadas a orillas del Océano, pactando con aquellos que se rendían y sometiendo por la fuerza a los rebeldes. Más de mil años dicen que duró su dominación.

Hubo un tiempo en que el rey Atila ocupó el trono de Panonia y quiso renovar con diligencia y con valor los triunfos de sus mayores. Para lo cual, trasladando su campamento, decidió dirigirse al país de los Francos, cuyo rey era entonces Gibicón, poderoso en su alto solio, padre feliz de reciente prole, pues le acababa de nacer un varón llamado Guntario, cuyas gestas narraré después.

Un rumor inquietante llega en vuelo a oídos del rey, diciéndole que un ejército hostil, muy superior en número a las estrellas y a las arenas de las playas, ha cruzado el Danubio. Gibicón no confía en sus armas ni en la fuerza de su pueblo. Convoca a sus barones a una asamblea y les pregunta qué debe hacerse. Todos coincidieron en que debía llegarse a un pacto con los Hunos: tenderles una diestra amistosa, darles rehenes y pagar el tributo que pidiesen; todo era preferible a perder a la vez la vida y el país, y aun los hijos y las mujeres.

Había en aquel tiempo en Francia un joven guerrero llamado Haganón, de prendas inmejorables, vástago del ilustre tronco troyano. Y es a él, siendo Guntario de una edad tan temprana que su tierna vida correría peligro lejos de su madre, a quien deciden enviar como rehén al rey de los Hunos, junto con un inmenso tesoro. Sin demora parten embajadores con el tributo y con el muchacho, solicitan la paz y conciertan la alianza.

Siempre me ha sorprendido que haya lectores, sobre todo jóvenes, que devoren las interminables sagas actuales de Fantasy sin haber probado, siquiera por mera curiosidad, algún clásico medieval del ciclo artúrico o alguna fornaldarsögur escandinava (saga de los tiempos antiguos o saga legendaria). También este Cantar de Valtario es una oportunidad para acercarse por primera vez a esta literatura ligera, ingenua y bárbara, uno de los primeros ejemplos de la narrativa popular europea. Lo escribe Luis Alberto de Cuenca: «la atmósfera irreal que envuelve los hechos narrados en el poema hace de su lectura una fantástica experiencia».

La obra finaliza con las siguientes palabras: «Este es el Cantar de Valtario. Jesús os conceda la salvación». Obviamente, es imposible añadir nada más.

Reino de Cordelia (2021)
Colección: Literatura, 143
Traducción y prólogo: Luis Alberto de Cuenca | Ilustraciones: Miguel Ángel Martín
136 págs.

Puntuación: 4 (de 5)

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Compuesto probablemente a finales del siglo X, durante el reinado del emperador Otón III, el Cantar de Valtario es una de las joyas más preciadas de la literatura latina medieval. Canta las hazañas de Walther o Valtario de Aquitania o de España, héroe del reino godo de Tolosa en los años oscuros de las invasiones germánicas, allá por el siglo V. De autor desconocido, poco importa quién fuera o el momento histórico en que lo escribió, porque lo que cuenta es la fluidez mágica del relato y la atmósfera irreal que envuelve esta auténtica novela de aventuras trepidantes, brutal y salvaje como una película de James Bond, que se adapta como un guante a las ilustraciones a color de Miguel Ángel Martín realizadas para esta edición. Tan sugerente y tan moderna es su lectura, que se convierte en una experiencia inolvidable. (Sinopsis de la editorial)

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