{Reseña} Pío Moa: Hegemonía española y comienzo de la Era europea (Ediciones Encuentro)

Hegemonía española y comienzo de la Era europea es el último ensayo publicado por Pío Moa en Ediciones Encuentro. En esta ocasión el historiador y escritor gallego se aleja de la Guerra Civil y el siglo XX, áreas principales de su interés, para acercar al lector al periodo de mayor esplendor político, vital y cultural de la historia de España. Las estanterías de novedades de las librerías están repletas de libros de historia de España y es difícil decidirse por unos u otros títulos. En este caso ha sido el siguiente comentario muy elogioso del hispanista norteamericano Stanley Payne el que me ha decidido a leer este título de Pío Moa: «Me parece una obra absolutamente destacada y en muchos aspectos magnífica. […] es una obra singular sobre un tema ampliamente tratado, pero nunca con tanta coherencia. Otra virtud notable es haber escrito una historia “positiva” y no denigratoria, pero sin caer en simplismos españolistas».

El título puede inducir a algún equívoco, puesto que el libro se centra básicamente en la España del periodo comprendido entre la llegada al poder de los Reyes Católicos y la Paz de Westfalia, y sólo muy tangencialmente a los siglos posteriores. Hegemonía española y comienzo de la era Europea está dividido en 43 breves capítulos, cada uno de los cuales, como es obvio, daría para un volumen monográfico de 500 páginas; pero aquí se trata de ofrecer una síntesis accesible a cualquier lector sin grandes conocimientos históricos, sin dar por sabidos ciertos hechos y temas (más bien al contrario) e intentando ofrecer, sobre todo, una amplia visión de conjunto que refleje la complejidad y novedad de la época. Hay que señalar también que Pío Moa es un escritor extraordinariamente didáctico, lo que unido a que en este libro ha prescindido de notas a pie de página, hace muy ágil y absorbente su lectura.

Pío Moa trata de dar respuesta en Hegemonía española y comienzo de la Era europea a una pregunta que se hacía irónicamente el filósofo Julián Marías: «Incluso en libros que estudian la ‘preponderancia’ o la ‘hegemonía’ española se acumulan desde el principio los factores negativos que la hubieran hecho imposible: pobreza, despoblación, ociosidad, orgullo nobiliario o pretensión de hidalguía, fanatismo religioso, eliminación de los únicos habitantes diestros y eficaces (judíos y moriscos). Si esto es así, ¿cómo en pocos decenios, es España la primera potencia de Europa, con dominio efectivo sobre enorme porción de ella; cómo descubre, explora, conquista, puebla, organiza, incorpora a su monarquía una inmensa porción del mundo hasta entonces conocido?» Pues bien, para nuestro autor las razones de esta hegemonía hay que buscarlas en la avanzada organización interior nacida con el reinado de los Reyes Católicos, hecho que permitió utilizar los recursos con mayor eficiencia, a lo que habría que añadir un espíritu optimista, esforzado, inteligente, inventivo y arrojado, que no ha vuelto a alcanzarse en España desde entonces.

Para empezar Moa constata que si las razones de la decadencia de España pueden tener fácil explicación (guerras con mayor número de enemigos poderosos y durante mayor tiempo que cualquier otra nación, recuperación de la influencia de la nobleza, burocratización del poder, anquilosamiento de las universidades, depresión del ánimo), en cambio, su auge, expansión y hegemonía no son tan sencillas de entender. A mediados del siglo XV la península estaba dividida en cinco reinos que muy bien podrían haber permanecido separados (como ocurrió con Portugal), y, por tanto, con escasa capacidad de acción exterior. Pero fue la Reconquista y el recuerdo y nostalgia del antiguo reino visogodo perdido tras la invasión musulmana lo que llevó, con los altibajos naturales, a unas políticas de alianzas que dieron lugar a una Castilla predominante en extensión, población y riqueza. Finalmente, tras la toma del reino de Granada, Castilla se encontraba en condiciones psicológicas óptimas para iniciar su expansión e influencia. Aún así, resulta sorprendente que la monarquía española pudiera imponerse durante tanto tiempo a otras naciones más pobladas y ricas, especialmente Francia.

Podemos definir como gran época de España aquella extendida entre el último cuarto del siglo XV y mediados del XVII, cuando el país dejó una huella profunda en la historia de Europa y de la humanidad, en contraste con los siglos posteriores en que la posición y acciones de España pasaron a un segundo o tercer plano, hasta hoy. Aquella época podemos deducirla simplemente por la consulta de los mapas del mundo.

Cualquier mapamundi nos informa con notable precisión de la distribución de océanos, mares y tierras emergidas en el planeta. Y nos parece algo tan obvio que no solemos reparar en que se trata de un conocimiento históricamente recentísimo, comparados con los muchos milenios de completa ignorancia humana sobre el mundo en su conjunto. Solo hace poco más de cinco siglos empezó el hombre sus arriesgadas empresas para explorar, cartografiar y hacerse una composición mental del planeta. Aquella ingente labor exigió algo también nuevo: el cruce de los grandes océanos.

Hasta finales del siglo XV la navegación seguía la línea de las costas o saltando entre tierras no muy alejadas. Los portugueses habían llegado así, contorneando África, hasta la India y las Islas de las Especias, y se habían adentrado 1.400 kilómetros en el Atlántico hasta las Azores. Pero exigía audacia especial penetrar miles de millas en el océano sin saber qué habría al final, si es que había algo o había un final. Para el hombre común, el mar y la tierra eran planas y sin fin, pero bastantes sabios, desde el helenismo, sostenían la hipótesis de la esfericidad de la Tierra. El cruce del Atlántico se hizo pensando llegar por el oeste al extremo oriente asiático. En cambio lo que se halló fue un inmenso continente, insospechado tanto para los descubridores como para los aborígenes, y al que terminó llamándose América.

Al poco de aquel hallazgo inesperado se descubrió detrás del nuevo continente otro océano, el Pacífico, que resultaría más del doble de extenso que el Atlántico y cuya travesía fue emprendida con el mismo ánimo hasta llegar, por fin, a un oriente asiático vagamente conocido en Europa. Confirmar prácticamente la esfericidad de la Tierra exigía solo volver al punto de partida siguiendo la dirección contraria a la inicial, y esto también se hizo. Aquellas odiseas en el curso de 30 años, junto con otras muchas no menos azarosas, cambiaron la imagen del mundo, permitiendo conocer la distribución de su superficie, sus climas y mil datos más, y comunicarse unos continentes con otros. Puede decirse que marcan un antes y un después en la historia humana. Esta labor titánica y sin precedentes se debió de modo principal a iniciativas de España en el siglo XVI, que continuarían en menor grado hasta desaparecer en el XIX, ápice de la decadencia española. […]

Un aspecto muy importante en este ensayo de Pío Moa es situar la historia de España en relación con la historia de las demás potencias de la época —cosa que no es muy usual en la historiografía española—; si no se hace así se corre el riesgo de no entender determinados hechos particulares ni las grandes tendencias historias. También aborda extensamente Pío Moa las conflictivas relaciones de la monarquía española con la Sublime Puerta —muchas veces aliada de Francia contra España y el Sacro Imperio—, el enemigo más peligroso para toda Europa, no sólo para los países del sur. En realidad, excepto en la conquista de América, España casi nunca buscó las guerras, que usualmente les venían impuestas por sus enemigos (Francia, protestantes e Inglaterra, especialmente) y que impedían la verdadera intención (y necesidad) de los reyes españoles, desde Fernando el Católico a Carlos y Felipe II: la neutralización definitiva del peligro que suponía para la Cristiandad el avance otomano y la piratería berberisca que despoblaba, saqueaba y esclavizada a miles de europeos de las poblaciones costeras mediterráneas. Después de Lepanto se llegaría a una especie de tregua no escrita que disminuyó la conflictividad frontal en el Mediterráneo.

Naturalmente, cobra especial importancia el descubrimiento, la conquista y la pacificación de América, así como los viajes exploratorios por el Pacífico («En cuanto a América y el Pacífico, gobernar un imperio tan vasto y disperso exigía verdaderas proezas organizativas y administrativas»). Colón, Cortés en Nueva España, Pizarro en Perú y las disputas sobre la Conquista celebradas en 1551 entre Las Casas y Ginés de Sepúlveda (Junta o Controversia de Valladolid) tienen apartados propios. Otra vertiente destacable de Hegemonía española es que se dedican varios capítulos a la cultura y el pensamiento de este periodo, toda vez que Pío Moa considera que la hegemonía hispana no sólo se verificó en el terreno militar, político o comercial, sino también en el cultural (hecho que normalmente se omite). Se dedican capítulos a las grandes obras literarias del Siglo de Oro (Lazarillo, Celestina, El Quijote, Amadís, Guzmán de Alfarache, Garcilaso, Boscán, Valdés, etc.). También se da noticia del avanzado y sistemático pensamiento filosófico y teológico de la Escuela de Salamanca, del Concilio de Trento (con mayoritaria participación de teólogos españoles) y de la religiosidad española (y de la importancia del aspecto evangelizador en el Nuevo Mundo). Importante es también el capítulo dedicado a la reforma protestante, que tantas consecuencias políticas, sociales y bélicas provocaría.

Aunque este ensayo no tiene como objetivo el estudio de la Leyenda negra es inevitable que vayan surgiendo hechos, acontecimientos y afirmaciones históricas que requieren su aclaración o refutación, simplemente acudiendo a la historia comparada y a la exposición de los datos objetivos. (Por supuesto, Moa tampoco cae en una leyenda rosa irreal). En al capítulo XXII (Las Casas y la leyenda negra) se trata en profundidad la influencia de este personaje atrabiliario e inicuo. Igualmente, en el epílogo se ofrecen los principales tópicos que vertebran la leyenda negra, temas que para Moa, lejos de suponer una impugnación de la acción de España, analizados con imparcialidad y veracidad muestran que más bien constituyen proyecciones de los desmanes cometidos precisamente por los países propagadores de esa leyenda negra. Sin embargo, el efecto psicológico de la asunción por la mayoría de españoles (e hispanoamericanos) de la propaganda negrolegendaria durante dos siglos ha resultado letal e incapacitante para desarrollar unas sociedades sanas.

Libro más que recomendable incluso para los buenos conocedores de este periodo de la historia, Hegemonía española y comienzo de la Era europea supone una brillante y novedosa introducción a este periodo en el que «los hechos revelan que la impronta de España en la historia humana entre finales del siglo XV y mediados del XVII ha sido objetivamente excepcional».

Puntuación: 5 (de 5)
Ediciones Encuentro (2022)
Colección: Nuevo Ensayo, 103
544 págs.

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Esta obra reenfoca el siglo y medio de hegemonía española, tradicionalmente desfigurada por lo que Julián Marías denomina «acumulación y atención a los factores que la habrían hecho imposible», o por concepciones de retórica patriotera o de una religiosidad anquilosada. En aquella época, España creó un imperio de carácter nuevo y debió afrontar guerras no queridas, que le vinieron impuestas por los expansionismos otomano, francés, protestante e inglés. El balance de estos esfuerzos extraordinarios puede resumirse así: las exploraciones transoceánicas, primeras en la historia, cambiaron el devenir humano al volverlo mundial, afectaron a la concepción del hombre sobre sí mismo y delimitaron ámbitos religiosos, lingüísticos, económicos y más en general culturales que en lo esencial permanecen. Parte importante del estudio está dedicado a la pugna entre catolicismo y protestantismo, tratada de forma novedosa en sus consecuencias filosóficas y políticas, que permanecen actuales.
Punto esencial del libro es la concepción de la época como comienzo de la que puede llamarse la «Era europea», en la que el poder y la cultura de Europa, especialmente de España, Francia e Inglaterra, países sucesivamente hegemónicos, constituyen el motor de la historia mundial durante cuatro siglos y medio. Hasta la II Guerra Mundial, considerada a menudo el suicidio de Europa, en la que esta, en conjunto, entra en un período de decadencia a la que no se vislumbra superación. En cualquier caso, el reestudio de la época aquí propuesta abre nuevas vías a la comprensión de ella y del mundo al que hemos llegado. (Sinopsis de la editorial)

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Pío Moa es historiador, novelista y analista político. Sus trabajos sobre la república, la guerra civil y el franquismo han cambiado en profundidad las versiones sostenidas hasta ahora desde la izquierda y la derecha. A tal punto ha sido así que en vez del debate intelectual que debiera haber seguido a sus aportaciones, se ha respondido con leyes de «memoria histórica» que atentan contra las libertades más básicas de investigación, expresión, opinión y asociación, dato indicativo de la debilidad de las versiones contrarias y del carácter antidemocrático de sus sostenedores. Algunas de sus obras: Los orígenes de la Guerra Civil española (1999), Los personajes de la República vistos por ellos mismos (2000), El derrumbe de la II República (2001), Los mitos de la Guerra Civil (2003), Una historia chocante: los nacionalismos catalán y vasco en la historia contemporánea de España (2004), Años de Hierro (2008), Nueva historia de España (2010). De tema autobiográfico, De un tiempo y de un país (2002), Viaje por la Vía de la Plata (2008) o Adiós a un tiempo (2018). Como novelista ha publicado El erótico crimen del Ateneo (1998), Sonaron gritos y golpes a la puerta (2012) o Cuatro perros verdes (2020). Su blog de análisis político http://www.piomoa.es es de los más visitados de España en su género.

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