{Reseña} Aleksandr Afánasiev: El pájaro de fuego y otros cuentos rusos (Libros del Zorro Rojo)

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El folclorista ruso Alexandr Nikoláievich Afanásiev ha pasado a la historia de la literatura por ser el primer editor de una importante colección de cuentos eslavos de tradición oral. En concreto, la obra de Afanásiev consta de casi setecientos relatos recogidos en ocho volúmenes de Cuentos populares rusos («Narodnye russkie skazki») que realizó entre 1855 y 1863. Antes de Afanásiev apenas se habían hecho algunos intentos para recopilar las historias populares de la Vieja Rusia rural, de modo que estas obras contribuyeron de forma decisiva a la difusión y conservación de la cultura popular rusa, arrinconada por el desmedido afrancesamiento de las élites culturales del país. A pesar de las censuras que sufrieron su autor y los propios textos, la influencia de estos cuentos populares se dejará ver en las obras de muchos artistas durante las décadas siguientes.

Siguiendo la estela de los hermanos Jacob y Wilhelm Grimm y sus impresionantes estudios y edición de cuentos y leyendas tradicionales germanas realizados décadas antes, Afanásiev, que había sido nombrado en 1852 miembro de la Sociedad Geográfica Rusa de San Petersburgo, recibió el encargo de publicar los cuentos de su archivo que habían sido recogidos por diversos folcloristas y estudiosos con anterioridad (Afanásiev no fue un recopilador de campo, hay que señalar). Como cuentos pertenecientes a otras tradiciones, los editados por Afanásiev pueden dividirse, grosso modo, en tres grupos: de animales, costumbristas y maravillosos, teniendo los últimos un lugar destacado en el conjunto de los Cuentos populares rusos. Los siete cuentos seleccionados para este álbum de Libros del Zorro Rojo pertenecen al género maravilloso, el género mejor valorado por los estudiosos del siglo XIX al considerarlo el más antiguo. Las historias incluidas en El pájaro de fuego y otros cuentos rusos —extraordinariamente difundidas en toda Europa, por cierto— son las siguientes: La rana zarevna, Aliónushka e Ivánushka, La patita blanca, Vasilisa la Bella, Maria Morevna, La pluma de Fínist, y El pájaro de fuego.

Érase una vez dos ancianos que tenían tres hijas. La pequeña era tan hermosa que ni la palabra puede expresarlo, ni la pluma reflejarlo.

Un buen día el anciano se dispuso a viajar a la ciudad para asistir a la feria y les preguntó:
—¡Queridas hijas mías! ¿Qué deseáis de la feria? Decídmelo y os lo compraré.
La mayor respondió:
—Padre, a mí cómprame un vestido.
La mediana dijo:
—Padre, a mí cómprame un chal.
Y la pequeña pidió:
—Pues a mí cómprame una pluma de Fínist, el halcón brillante.
El anciano se echó a reír:
—¿Y para qué quieres tú una pluma, tontita? ¡Si no tiene ningún valor! Mejor será que te compre algún atavío.
Pero no hubo modo de convencerla: la muchacha no dejaba de repetir una y otra vez que le comprara una pluma del halcón brillante.

Partió el anciano hacia la feria, donde compró un vestido para su hija mayor un un chal para la mediana, pero fue incapaz de encontrar en toda la ciudad una pluma
del halcón brillante. Ya se estaba marchando cuando se cruzó con un viejecillo que llevaba una pluma en las manos.

Los argumentos y la estructura de estos cuentos son similares a los de todo el acervo folclórico de Europa; de hecho, algunos de estos cuentos tienen su equivalente occidental: Vasilisa la Bella con La Cenicienta; La rana zarevna con Las tres plumas; o el El pájaro de fuego con El pájaro de oro de la tradición alemana. Quien esté familiarizado con los cuentos tradicionales advertirá inmediatamente los motivos y personajes comunes a todos ellos: padres ancianos con hijos, rivalidad entre hermanos o hermanas (que puede llegar al fraticidio), tercer hijo «tonto» que al final resultará el favorecido, peripecias con pruebas de tipo iniciático, o la presencia de un ser maléfico, en este caso de la interesante bruja de los bosques Baba Yagá (que aparece en infinidad de cuentos rusos; cuatro de los aquí incluidos), terrorífica bruja caníbal con una pata de hueso que, a veces, ayuda al desvalido héroe. Las versiones de Afanásiev son directas, crudas, más próximas a la primera edición (1812) de los Cuentos de los hermanos Grimm, que a las posteriores, con sus «embellecimientos» literarios y moralizantes añadidos. Igualmente, el mundo de estos cuentos rusos es un mundo primitivo, muy superficialmente cristianizado, apegado a supersticiones y creencias atávicas, propicio para la magia y las maravillas.

El otro protagonista absoluto de esta magnífica edición de El pájaro de fuego y otros cuentos rusos es Iván Yákovlevich Bilibin, uno de los ilustradores europeos más importantes del siglo XX. Las imágenes que ilustran estos textos clásicos de Afanásiev aúnan el realismo y el simbolismo iconográfico, el decorativismo y los colores cálidos, orientalismo y esplendor gráfico, la tradición rusa, el grabado japonés y el Art Nouveau. Los inicios de Bilibin en el mundo de la ilustración se sitúan en marzo de 1899, cuando la revista Mir Iskusstva (Mundo del Arte) le encargó unos dibujos para uno de sus números. Unos meses después, la Casa de la Moneda le pidió ilustraciones para algunos cuentos tradicionales. La primera edición de esa pequeña selección de Cuentos rusos apareció ese mismo año 1899 e incluía, no sólo ilustraciones, sino también la orlas y otros elementos decorativos de esa edición.

Libro muy hermoso —como todos los editados por Libros del Zorro Rojo—, enriquecerá nuestra biblioteca y nos permitirá retornar, aunque sea durante un rato, al paraíso de la infancia.

Puntuación: 4 (de 5)
Libros del Zorro Rojo (2020)
Ilustraciones: Iván Bilibin
Traducción: Joaquín Fernández-Valdés | Prólogo: Marcela Carranza
96 págs.

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Vasilisa

Para deleite de grandes y pequeños lectores, esta edición reúne una selección de los cuentos populares rusos más notables, con las insignes ilustraciones que Iván Bilibin realizó para la edición de 1899. Estos relatos, que tomaron forma durante siglos de transmisión oral, fueron recopilados entre 1855 y 1863 por Aleksandr Afanásiev, considerado el equivalente ruso de los hermanos Grimm.

Siete de estas narraciones llegan a nuestros días gracias a este libro, lleno de imaginación, misterio e historias poderosas que nos trasladan a una Rusia mítica. El pájaro de fuego y otros cuentos rusos es una joya bibliográfica, que cuenta con piezas tan célebres como «Vasilisa la Bella», «La rana zarevna» o «La pluma de Fínist». Relatos que, gracias a la riqueza cromática y ornamental de uno de los fundadores del arte gráfico ruso, se han transformado en verdaderas obras de arte.

Cuentos maravillosos, donde aparecen mujeres sabias y fuertes como Maria Morevna, héroes, heroínas, princesas encantadas y seres poderosos e inescrutables, como Koschéi el Inmortal o Baba Yagá, la ambigua bruja de los bosques. Un compendio que ofrece a sus lectores una fiel aproximación a su fuente original a través de la cuidada traducción del ruso realizada por el galardonado Joaquín Fernández-Valdés. (Sinopsis de la editorial)

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Aleksandr Afanásiev (Boguchar, Vorónezh , 1826 – Moscú, 1871) se tituló en Derecho y dedicó casi toda su vida a su puesto de funcionario para el Archivo Central del Ministerio de Asuntos Exteriores. En 1852 fue elegido miembro de la Sociedad Geográfica Rusa, que le propuso preparar una publicación de todos los cuentos que había conseguido reunir en sus años como funcionario, agrupándolos por materias y temática. Fue la primera recopilación de este tipo que se hizo en Rusia. Profundamente interesado en la etnografía y la literatura, Afanásiev también fue autor de la ambiciosa Concepciones poéticas de los eslavos sobre la naturaleza (1865-1869).

Iván Bilibin (San Petersburgo1876 – 1941). Fue uno de los ilustradores rusos más influyentes del siglo XX. Diseñó el escenario para varios ballets rusos, inspirándose en el folclore eslavo y alcanzó una gran popularidad en su país cuando en 1899 publicó sus innovadoras ilustraciones de los Cuentos populares rusos, recopilados por Aleksandr Afánasiev. Después de la Revolución pasó un tiempo en El Cairo y Alejandría, hasta que en 1925 se estableció en París. Obsesionado con la tradición de su país y tras decorar en 1936 la embajada soviética de la capital francesa, regresó a su tierra, donde dio conferencias en la Academia Soviética de las Artes hasta 1941.

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