{Reseña} Fray Luis de León: Poesía completa (Biblioteca Castro)

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Sospecho que salvo los primeros versos de de su extraordinario poema Vida retirada (¡Qué descansada vida / la del que huye del mundanal ruido / y sigue la escondida / etc.) y alguna anécdota biográfica, especialmente referida a su paso por las cárceles de la Inquisición y a su vuelta a la docencia (Dicebamus hesterna die, Decíamos ayer) poco recordamos la mayoría de los lectores corrientes de la figura de este intelectual y escritor excepcional, uno de los pilares fundamentales de la prosa y la poesía de nuestro Renacimiento. Me ha resultado sorprendente que la Poesía completa de Fray Luis no estuviera ya desde hace tiempo en el catálogo de la Biblioteca Castro; en cualquier caso, es una maravillosa noticia que podamos disfrutar ahora de estas obras esenciales en una edición de la máxima calidad material como son todas de esta editorial (magnífico empastado en tela, doble cinta de lectura, papel ahuesado), única entre las españolas por su dedicación exclusiva en rescatar a los grandes escritores españoles de todos los tiempos.

La introducción y edición ha corrido a cargo de José Palomares, doctor en Filología y profesor en la UNED y en el Instituto San Juan de la Cruz (Úbeda), profesor ya había dedicado algunos trabajos previos a la figura del fraile agustino. El texto se ha tomado de la edición realizada por Francisco de Quevedo en 1631. Este insólito hecho es resaltado por el filólogo y crítico José Manuel Blecua: «en la historia de la poesía europea de los siglos XVI y XVII no se da el caso de que un gran poeta, que editará su obra, publique la de otro admirable poeta que tampoco publicará su poesía». No se incluyen las obras de autoría dudosa pero sí los Cantares de Salomón en octava rima (atribuido), las traducciones insertas en sus obras en prosa y dos poesías neolatinas originales. Como es usual, la edición de Palomares en Biblioteca Castro ha modernizado la ortografía y la puntuación. También se ha prescindido de notas con el fin de agilizar la lectura y no ahuyentar al lector (no obstante, hubieran resultado útiles algunas notas, especialmente para los poemas de tema mitológico latino). En suma, una compacta y breve obra poética que constituye, no obstante, una de las cimas del género en España. Es, por otra parte, una de las más accesibles para el lector medio actual, no demasiado avezado en la lectura de poesía (yo me incluyo en ese grupo).

Aquí la envidia y mentira
me tuvieron encerrado.
Dichoso el humilde estado
del sabio que se retira
de aqueste mundo malvado,
y con pobre mesa y casa
en el campo deleitoso
con solo Dios se compasa
y a solas su vida pasa
ni envidiado ni envidioso. (Poema XXIII, «A la salida de la cárcel»)

***

En la región de Hus, en la primera
edad, fue un hombre justo, Job llamado,
ejemplo de virtud simple y entera.
Temeroso de Dios y del pecado
enemigo mortal, y juntamente
de bienes y riquezas abastado.
Clarísimo entre todos los de oriente
hijos y hijas bellas Job tenía
y de servicio innumerable gente.
Los anchos campos fértiles rompía
con toros mas de mil, tres mil camellos
y siete mil ovejas poseía.
Sus hijos por su orden uno dellos
el uno cada día convidaba
en su casa a comer a todos ellos.
Acabada la rueda madrugaba
el padre de mañana y con fe pura
por cada uno a Dios ofrenda alzaba.
Porque decía ansí: «si por ventura
mis hijos allá dentro de su pecho
usaron contra Dios de desmesura».
Aquesta fue de Job la vida y hecho
mientras los tiempos claros le duraron
y tuvo el viento próspero y derecho.
Mas fue que un día entre otros que pasaron
delante de la majestad divina
Satanás y los ángeles llegaron.
De Satanás la furia serpentina,
y díjole el Señor como le vido,
a cuya voz la tierra y mar se inclina:
«¿De dónde vienes tú?». Dice: «He corrido
por la tierra, Señor, y paseado
cuanto es de los mortales poseído».
Y Dios: «Di, por ventura, ¿has contemplado
en mi sirviente Job, que en virtud pasa
a todos cuantos moran lo poblado?». («Libro de Job en tercetos», Capítulo I)

Las poesías completas de Fray Luis, que él no llegó a ver editadas, están divididas en tres libros: el primero contiene sus poemas originales, solamente veintitrés; el segundo, sus traducciones e imitación de autores clásicos latinos profanos (nueve églogas de Virgilio, doce odas de Horacio, algunos poemas de Píndaro, Tibulo y Petrarca); por último, sus traducciones de autores sagrados, en especial sus versiones de veintitrés Salmos y el Libro de Job en tercetos (42 capítulos). En definitiva, la poesía de Luis de León en realidad, toda su obra se sustenta en los tres pilares fundamentales que han construido la cultura de Occidente hasta hace bien poco: el mundo judeocristiano que proviene de la Biblia y la Historia Sagrada, el universo grecolatino con su rica mitología e historia, y la propia tradición nacional contemporánea del artista. «Él realizó —según Menéndez Pelayo— la unión de la forma clásica y del espíritu nuevo, presentida, mas no alcanzada por otros ingenios del Renacimiento».

José Palomares realiza en su introducción un pormenorizado análisis de las técnicas poéticas de gran parte de los textos. Añadir simplemente que la lengua poética castellana de Fray Luis de León en sus poemas originales es similar a la de Garcilaso de la Vega y Juan Boscán, pero en el agustino la anécdota amorosa desaparece para dar entrada al puro subjetivismo del poeta. No es una poesía sensual y agradable a los sentidos, sino que va derecha a lo espiritual, despreciando la mera belleza formal. Casi toda la obra está escrita en liras y su acusado ardor lírico no rompe los moldes de la estrofa. En suma, adecuación perfecta entre el espíritu y la materia poética en este iniciador de la gran poesía humanística española.

La traducción de obras clásicas griegas y latinas a las lenguas romances era una actividad central del programa de formación literaria y crítica de la educación humanista. De este modo se aprendían los recursos expresivos de la literatura clásica y las equivalencias en la lengua a la que se vertía un texto original. Al mismo tiempo, se internalizaba fórmulas y figuras tópicas, géneros o discursos característicos de aquella literatura, y se actualizaba con ellas su propia realidad circundante. En el entorno universitario de Salamanca el ejercicio de la traducción constituía una práctica fundamental para la recuperación de la cultura clásica, convirtiendo así a nuestros humanistas en intermediarios entre la tradición grecolatina y las nuevas literaturas en lenguas romances. En cuanto a sus formidables traducciones o mejor, recreaciones de textos bíblicos de Fray Luis sólo nos queda añorar la que podría haber sido una traducción completa de la Biblia que habría cambiado, sin duda, la historia de la lengua española. Remarcable es su maravillosa versión en tercetos del Libro de Job, que a diferencia de su versión literal realizada en Exposición del Libro de Job en la que Fray Luis de León se propuso «conservar el sentido latino y el aire hebreo que tiene su cierta majestad», presenta una mayor libertad y una apreciable suavidad y fluidez del lenguaje.

Pocos títulos de la literatura española merecen una recomendación tan absoluta y unánime como esta Poesía completa de Fray Luis de León. Un libro que debería ser de presencia imprescindible en cualquier biblioteca, por modesta que sea.

Biblioteca Castro (2021)
Introducción y edición: José Palomares
LXXXIV + 428 pp.

Puntuación: 5 de 5.

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Retrato_de_Fray_Luis_de_León

Luis de León nació en la villa conquense de Belmonte en una familia de origen judío, entre 1527 y 1528 según sus distintos biógrafos. Tras vivir unos años en Madrid y Valladolid, el joven Luis ingresa en el convento de San Agustín de Salamanca en 1542 y se matricula en la Universidad para estudiar Teología unos años después. Allí terminará por doctorarse y desarrollará gran parte de su vida académica. Una labor sin tregua entre las distintas cátedras que ocupó además de otros trabajos.

El ambiente de crispación universitario derivó en la denuncia de fray Luis por sus traducciones bíblicas, acusación que le llevará a las cárceles de la Inquisición entre 1572 y 1576. Un célebre proceso que fray Luis afrontó con entereza, sin dejar por ello de denunciar la envidia y la maldad de sus acusadores, así como la lentitud de la burocracia. De vuelta a Salamanca se reintegrará en la Universidad donde acomete años de grandes trabajos, tanto en la docencia de la cátedra como de editor y crítico textual.

En 1591 fue elegido provincial de los agustinos en Madrigal de las Altas Torres, y allí morirá solo unos días después de su nombramiento. Sus restos descansan hoy en la capilla de San Jerónimo de la Universidad.

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