{Reseña} Raimon Arola: Alquimia y religión (Siruela)

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Existen en la historia del pensamiento humano numerosas doctrinas, generalmente extrañas, que son capaces de ejercer un poderoso poder de seducción durante siglos. Es el caso de la Alquimia, y más concretamente de los grabados alquímicos: mezcla de arte, alegoría y hermetismo siguen fascinando y maravillando como el primer día. El desarrollo de las artes de impresión tras el invento de Gutenberg provocó una verdadera moda de los libros de emblemas, muchos de ellos influidos por el concepto del emblema jeroglífico propio del Renacimiento, como la Hypnerotomachia Poliphili de Francesco Colonna (1499) y los Emblemata de Andrea Alciati (1531), o los posteriores alquímicos De Lapide Philosophico (1625) de Lambsprinck y Atalanta fugiens de Michael Maier (1617). Todos participan de esta tradición impregnada del pensamiento rosacruz, en el que confluían aspectos de tradición hermética, cabalística y cristiana. Este estudio de Raimon Arola, Alquimia y religión incide en uno estos aspectos del multiforme corpus de la Alquimia, a saber, la relación entre la Alquimia espiritual y los movimientos reformadores de la Cristiandad europea.

Raimon Arola ya había tratado temas relacionados en su libro La Cábala y la Alquimia (2002), en este caso centrándose en el desarrollo de las teorías cabalísticas judías y orientales en los movimientos espirituales renacentistas. La tesis del autor en Alquimia y Religión. Lo oculto en los siglos XVI y XVII es que tras la fachada secreta y hermética de la Alquimia subyace un auténtico movimiento de renovación espiritual y religioso, que remontándose a las enseñanzas del mundo antiguo contenidas en la obra de Hermes Trimegisto (erróneamente, ya que los textos atribuidos a Hermes son muy posteriores a Cristo) promoverían la unión de la espiritualidad esotérica junto con la exotérica en una religión cristiana más pura y perfecta. Par ello, los grabados fueron usados intensamente, hasta el punto de que hay tratados alquímicos compuestos únicamente por emblemas. En ellos se utilizan elementos de las Sagradas Escrituras, así como de la mitología pagana y de la cábala, de una forma fuertemente simbólica y alegórica, de gran dificultad en su adecuada interpretación.

En uno de sus trabajos sobre el arte de la alquimia, Emmanuel d’Hooghvorst escribió lo siguiente: «Antaño era una locura para la mayoría de los hombres; en nuestros días es un absurdo. Esta ciencia ha caído en un descrédito tal, que casi todos ignoramos tanto su finalidad como sus medios». Es cierto que, en la actualidad y en casi todos los campos del saber, la absurdidad de la alquimia es incuestionable. Tanto que este nombre se utiliza comúnmente para designar unos aspectos derivados de su propio sentido original, como si se estuviera hablando de una magia, de una manera de denominar ciertos cambios o transformaciones que acontecen en el mundo o en la mente humana, pero que, sin embargo, poco tienen que ver con la alquimia tradicional. El sustantivo alquimia ha dejado paso al adjetivo alquímicamente, utilizado como sinónimo de una relación, un cambio o un proceso que se produce sin explicaciones aparentes. Mientras que el sustantivo alquimia se identifica generalmente con la labor de unos ignorantes o de unos locos que buscaban la transmutación de los metales, es decir la conversión de los metales viles en metales nobles, oro y plata.

Así pues, desde este incuestionable absurdo, ¿qué sentido tiene preguntarse cuáles son los símbolos que muestran qué es la alquimia? Estamos convencidos de que la locura de los antiguos alquimistas escondía una enseñanza que, a principios del siglo XXI, merece ser estudiada cuidadosamente por los filósofos y los historiadores de las religiones, de las artes y de las ciencias actuales. Sus postulados pueden ayudar a esclarecer registros y modos del espíritu humano que en la actualidad permanecen olvidados o enmarcados en campos disciplinares ajenos a la vida del espíritu. Tal fue la original propuesta del barón D’Hooghvorst, que utilizaremos como punto de partida de nuestras reflexiones.

Desde el Romanticismo se ha venido repitiendo con frecuencia y con cierta razón que «Los locos de hoy dan forma a la visión de los hombres de mañana»; así pues, cabría preguntarnos: ¿Cuál fue la locura de los alquimistas? ¿Eran tan ignorantes como para pretender fabricar oro, o sería tal aspiración el símbolo de otro proceso? ¿Podemos, los hombres del siglo XXI, entender y recuperar algo que nos concierna de la locura o del sueño de los antiguos?

Básicamente, los auténticos alquimistas son los que han buscado y hallado el medio necesario (Piedra filosofal, Lapis Philosophorum) para reunir el espíritu y la materia (lo volátil y lo fijo, expresado en términos alquímicos) y que es el principio de la Gran Obra (Magnum Opus) que aparece en todos los textos clásicos de Alquimia. Al observador neófito, los textos y las imágenes de los símbolos alquímicos le parecen totalmente incompresibles. Así, el enigma de la Alquimia sería su propia existencia, escondida en su profunda interioridad, y por lo tanto incomprensible desde el exterior. Las imágenes mostrarían la ciencia del encuentro de la naturaleza con Dios mediante el símbolo del hombre; es decir, no son meras ilustraciones de los textos. De ahí las desgraciadas y fracasadas experiencias de los falsos alquimistas o sopladores que buscaban sólo el éxito exterior. La oscuridad de los símbolos alquímicos sería la consecuencia inevitable de la naturaleza misma de la experiencia de lo santo. En conclusión, los alquimistas del siglo XVII pretendían que su arte era de origen divino de la misma manera que lo predican las religiones reveladas.

En este libro, el profesor Arola muestra gran erudición en la cita de las numerosas fuentes originales y de los trabajos de los grandes estudiosos del tema alquímico, y todo ello lo hace sin perder la amenidad necesaria en un libro de divulgación pensado para un lector medio. El volumen se completa con unas cincuenta páginas que contienen más de un centenar de grabados alquímicos de la época, que no solamente embellecen el volumen, sino que son parte esencial del ensayo y objeto de los correspondientes comentarios a lo largo del texto. Un apartado de notas y una amplia bibliografía completan este excelente trabajo.

Termino señalando que Alquimia y religión es un libro que interesará especialmente a los aficionados a la Alquimia y a las heterodoxias religiosas. Como siempre, la edición de Siruela es magnífica.

Puntuación: 4 (de 5)
Editorial Siruela (2021)
Colección: El Árbol del Paraíso, 101
280 págs.

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En esta edición revisada de Alquimia y religión, Raimon Arola amplía el volumen original con sus investigaciones acerca de «lo oculto», situando este concepto como lo que está detrás de un velo, alejándose así de lo que se conoce como ocultismo, el movimiento del siglo XIX, que, en general, fue una degeneración de las ciencias tradicionales.

En la primera parte del libro se incide en el estudio de la alquimia tal y como se conformó en la Edad Moderna, en especial a partir de Paracelso, cuando se convirtió en el lugar donde algunos sabios concentraron un tesoro de conocimiento y desarrollo espiritual que, según ellos, debía llegar a convertirse en el núcleo interior y secreto de la tradición cristiana, así como el impulso necesario para una reforma religiosa. Con el racionalismo que se impuso en Europa a finales del siglo XVII, a esta ciencia o arte se la encerró en un cajón de sastre —ocultismo, espiritismo, esoterismo, etc.— y se la consideró como algo ajeno a la religión.

Sin embargo, tras la aparente locura de los antiguos alquimistas se esconde una enseñanza que merece ser tenida en cuenta por los filósofos e historiadores de las religiones, de las artes y de las ciencias actuales. Sus postulados esclarecen registros y modos del ser humano que han permanecido olvidados o enmarcados en campos disciplinares ajenos a la vida del espíritu. Con este olvido, se ha marginado del pensamiento occidental su universo simbólico más íntimo, expresado básicamente por medio de imágenes. (Sinopsis de la editorial)

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Raimon Arola (Tarragona, 1956) es doctor en Historia del Arte y profesor de la Facultad de Bellas Artes de la Universitad de Barcelona. Ha publicado Simbolismo del templo, Las estatuas vivas. Ensayo sobre arte y simbolismo, El tarot de Mantegna, Los amores de los dioses. Mitología y alquimia, La cábala y la alquimia en la tradición espiritual de occidente, siglos XV-XVII e Images cabalistiques et alchimiques.

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