{Reseña} Karl Kerényi: Los héroes griegos (Atalanta)

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El historiador de las religiones Karl Kerényi (en húngaro, Kerényi Károly) escribió su magna obra Die Mythologie der Griechen (La mitología de los griegos) a instancias de la editorial británica Thames and Hudson con el fin de publicar la versión inglesa de los textos originales escritos en alemán. La primera parte de la obra, Die Götter und Menschheitsgeschichten (The Gods of the Greeks) vio la luz en 1951, y la segunda parte, Die Heroen-Geschichten (The Heroes of the Greeks), escrita entre 1952 y 1958, apareció en 1959. Hace unos meses Ediciones Atalanta publicó Los dioses de los griegos, y ahora reedita Los héroes griegos, publicada inicialmente en 2009 y agotada hacía tiempo. (En ambos casos, creo, se ha optado por trasladar la obra desde la versión inglesa). Para el investigador centroeuropeo «este libro [Die Mythologie der Griechen] debe su origen a la convicción, compartida por los editores y el autor, de que ha llegado el momento de escribir una mitología de los griegos para adultos». Para ello, sin renunciar en absoluto al máximo rigor científico, opta por un estilo narrativo claro y divulgativo, sin añadidos ni adornos tendentes a embellecer los mitos antiguos. «Según Kerényi —escribe Jaume Pòrtulas en su prólogo—, el hombre moderno habita un mundo drásticamente secularizado, carente de espiritualidad, daltónico a lo sagrado», de ahí la necesidad de hacer más accesible el ámbito del mito a cualquier persona culta interesada, no necesariamente a los especialistas.

Karl Kerényi fue historiador, filólogo y mitógrafo, además de uno de los estudiosos más prestigiosos de la mitología griega, interesado en facilitar la comprensión del mundo mítico antiguo para el hombre contemporáneo. En 1943 abandonó Hungría y se estableció definitivamente en Suiza, lo que facilitó su contacto tanto con Carl Gustav Jung como con el Eranos-kreis. Por cierto que hay relacionar las investigaciones de Kerényi con el Circulo Eranos, al que perteneció. El Círculo de Eranos es una organización interdisciplinar de análisis multicultural científico y filosófico. El nombre fue escogido por Rudolf Otto, para denominar los encuentros anuales llevados a cabo en casa de Olga Fröbe-Kapteyn. Su objetivo original era explorar los vínculos entre el pensamiento de Oriente y Occidente. Bajo el firme impulso de C. G. Jung echó a andar cuando aún no era visible, ni sólida, la crisis del racionalismo tradicional (1933) que desembocó en la Guerra Mundial. Su labor fue la de poner en relación lo físico y lo material con lo inmaterial y lo espiritual. Supuso un enorme esfuerzo para acercar los conocimientos y experiencias de ámbitos tan diversos como la filosofía, la historia de las religiones, la psicología, la antropología, la mitología, la teología y la ciencia. Quizá, prestó Kerényi en sus trabajos más académicos una excesiva importancia a la psicología profunda y los arquetipos de Jung en sus hipótesis de la génesis de los mitos —hecho que ya criticó veladamente Robert Graves en Los mitos griegos, de 1955—, aunque esto no tiene ninguna influencia en la obra que nos ocupa, dada su naturaleza narrativa y divulgativa.

Al igual que en Los dioses de los griegos, para dar mayor agilidad a la lectura del libro Kerény se propuso interrumpir lo menos posible la inmediatez de las historias. Tampoco minimiza el hecho de que muchos de estos mitos no hayan sobrevivido en una sola versión, sino a través de un gran número de variaciones. En esos casos, la narración suele yuxtaponer las distintas variantes, sin hacerlas chocar una contra otra; tampoco suele tomar tomar partido por ninguna de ellas en detrimento de las demás. El recurso más original del autor es recurrir a la voz de un narrador omnisciente, un griego isleño contemporáneo familiarizado con los mitos de sus antepasados que narra morosamente los viejos hechos a un europeo interesado y culto. Como señalé al principio, Los héroes griegos mantiene en todo momento la máxima fidelidad a las fuentes disponibles (literarias, arqueológicas e históricas), hecho que se sustenta con la inclusión de exhaustivos índices de fuentes, de notas y de nombres, así como tablas genealógicas de los principales héroes.

No hay ninguna ciudad en Grecia, aparte de Micenas, que haya reunido tantas leyendas de héroes en su suelo y en sus alrededores como Tebas, y ningún héroe fue tan honrado por dioses y hombres como Cadmo, a quien la ciudadela de Tebas debe su nombre de Cadmea. Pertenece a la quinta generación de los reyes primigenios, fundadores de países y ciudades, que descendían del matrimonio de Zeus bajo forma de toro con lo en forma de novilla. Se explicaban con admiración los numerosos vínculos que le conectaban con los dioses. Su bisabuelo era Zeus; su abuelo, Posidón; Ares y Afrodita eran los padres de su esposa. Su hija Sémele se convirtió en la madre de Dioniso y subió al cielo con su hijo. Otra de sus hijas, Ino, también se convirtió en diosa, transmutada en Leucotea, la «diosa blanca». Además de Dioniso, Cadmo tuvo otro nieto divino, Palamón, hijo de Ino, también llamado Melicertes. De ambos niños se habla en los relatos de los dioses.

Todo ello tejió en torno a Cadmo una complicada red de relatos genealógicos. Estos fueron sin duda obra de los mitógrafos tebanos, que deseaban asegurarle un puesto prominente en el mundo de los dioses gobernado por Zeus. Se le consideraba descendiente de una estirpe en la que Zeus había celebrado dos veces su matrimonio bajo forma de toro, la primera de ellas con lo. Esta era, como sabemos a partir de las leyendas de los dioses, la hija de Inaco, el dios fluvial de Argos. Por tanto, era originaria de la región en la que habrían de surgir Micenas y las demás fortalezas de la Argólida. Perseguida de un lugar a otro bajo forma de vaca, huyó del río paterno hacia el Nilo, y allí dio a luz a Épafo para Zeus; Épafo se convirtió en el antepasado de esa estirpe a la que aludiremos en la historia de Dánao y sus hijas. Los mitógrafos también incluían a Cadmo en esta estirpe. Se decía que había llegado hasta Beocia siguiendo a una vaca y que allí fundó Tebas. Del mismo modo, también la hermosa Europa pertenecía a la misma estirpe; Zeus en forma de toro la raptó y se la llevó hasta Creta en la tradición más conocida, pero a Beocia en otra menos común.

Ya fuera siguiendo la pista de Europa, ya la de una vaca corriente, Cadmo aparece, vestido de pastor, en esta historia complicada de doble boda taurina, que no es sino la historia preliminar del nacimiento de Dioniso, el dios venerado bajo forma de toro y como hijo de toro. Así aparece Cadmo también en la historia de los titanes. En aquellos tiempos, la soberanía de Zeus en el mundo de los dioses todavía no estaba asegurada en absoluto. El monstruo Tifón le había cortado los tendones y los había escondido en una gruta. En esta historia Cadmo aparece como un pastorcillo. Con su zampoña encantó al monstruo, y así pudo recuperar los tendones para devolvérselos a Zeus. Este suceso tuvo lugar en Cilicia, país oriental en el que, de acuerdo con la genealogía de Cadmo, se suponía que reinaba su hermano Cílix.

Antes de comenzar Kerényi el relato de los principales mitos heroicos, en la brillante y personal introducción a la obra, realiza un intento de interpretación de la figura del héroe dentro del complejo universo mitológico, haciendo especial hincapié en el origen de los cultos a los héroes —que presentan importantes diferencias rituales respecto al culto a los dioses— y en alguna figura concreta como Dionisio. Los héroes —una de las tres categorías de seres junto dioses y hombres, según Píndaro— presentan ciertos rasgos comunes; el principal es que participan de una modalidad existencial especial (sobrehumana pero no divina); su infancia se diferencia de los demás mortales, especialmente por su nacimiento y parentela irregular; también se caracterizan por una forma específica de creatividad y su osadía no tiene límites. Un rasgo característico es la forma en que mueren, a veces especialmente dramática; pero esta muerte es la que configura su condición sobrehumana. Aunque no son inmortales siguen actuando después de muertos, de ahí que sus tumbas y reliquias sean veneradas. El mundo helenístico y clásico nos ha transmitido una visión sublime de los héroes, eso sí, sin ocultar ni minimizar su naturaleza ambivalente, incluso monstruosa.

Esta lectura me ha confirmado en mi preferencia por las historias de los héroes frente a las de los dioses —aunque suelen aparecer entremezcladas—, éstas últimas excesivamente frívolas, caprichosas, absurdas y predominantemente galantes. En contraste, la vida y peripecias de los héroes resultan más cercanas (aunque no por ello menos fabulosas) y con una mayor carga trágica provocada por la permanente cercanía de la muerte («El héroe, tal como se nos muestra en sus leyendas, expresa, aún más que los dioses de los griegos, una enseñanza sobre la humanidad»). La mayoría de estos héroes son, creo, suficientemente conocidos, de ahí que sea absurdo comentar el contenido de todos estos mitos; basta señalar que aquí aparecen los héroes del entorno tebano y el troyano, así como las aventuras de Jasón y los Argonautas y, por supuesto, Heracles y sus doce trabajos. Cadmo, Edipo, Dioniso, Perseo, Teseo, Jasón, Medea, Orfeo, Eurídice, Antígona, Ulises, Aquiles, Heracles y muchos más, han tenido una larga y fructífera vida en los últimos dos milenios en Occidente: poesía, novela, pintura, escultura, teatro, música, ópera, cine, televisión y cómics se han nutrido con las historias de estos personajes impetuosos, atrabiliarios y ambiguos.

Creo que la lectura de Los héroes griegos tiene hoy más sentido que cuando se escribió hace sesenta años dado el acelerado proceso de descivilización y embrutecimiento que vivimos en Occidente. Un libro que deberíamos frecuentar para preservar nuestro acervo cultural y también por el simple placer de rememorar estas inmortales historias.

Puntuación: 5 (de 5)
Ediciones Atalanta (2021, 2ª edición)
Colección: Imaginatio Vera, 35
Traducción: Cristina Serna | Prólogo: Jaume Pòrtulas
544 págs.

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Como sucede con su obra clásica sobre los dioses griegos, Karl Kerényi escribió este libro convencido de que había llegado el momento de hacer una mitología para adultos, pues hasta entonces sólo existían grandes manuales para especialistas en estudios clásicos, historia de las religiones, etnología, o bien libros de mitos clásicos para niños, remodelados y falseados de acuerdo con determinados puntos de vista educativos. Kerényi destinó este libro a todos aquellos adultos cuyo interés fundamental fuera el estudio del ser humano desde cualquier rama del conocimiento, ya que para él la mitología puede ser también un testimonio del pensamiento humanista moderno. Por esta razón dedicó esta obra a los poetas del futuro.

Con gran sentido literario y profundidad mitológica, Karl Kerényi nos ofrece en este libro un magnífico fresco completo de todas las figuras del mundo heroico de los griegos: Cadmo y Harmonía, Dánao y sus hijas, Perseo, Hipodamía y Pélope, Tántalo, los Dioscuros, Heracles, Sísifo, Belerofonte, Frixo y Hele, Edipo, Meleagro, Atalanta, Jasón, Orfeo, Eurídice, Medea, Ifigenia, Aquiles… (Sinopsis de la editorial)

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Karl Kerényi (Temesvár, 1897 – Zúrich, 1973) estudió Filología clásica en la Universidad de Budapest e impartió clases de Filología e Historia antigua en las universidades de Pécs, Budapest y Szeged. Fue discípulo de Walter F. Otto y uno de los más importantes especialistas de mitología griega. Carl G. Jung lo invitó numerosas veces a participar en las conferencias del Círculo de Eranos, pues su interpretación de la mitología griega como arquetípica de alma humana estaba en consonancia con el enfoque de Jung.

2 comentarios sobre “{Reseña} Karl Kerényi: Los héroes griegos (Atalanta)

  1. Muchas gracias por la estupenda reseña. Lo estoy leyendo ahora; las historias están muy bien contadas, y también son curiosas las referencias etimológicas que suele hacer. Supongo que tendré que comprar más adelante el volumen dedicado a los dioses… Enhorabuena por tu blog.

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