{Reseña} Diego Sola: Historia de los papas (Fragmenta)

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Buena parte de los libros que conocía sobre el papado eran, o bien extensos y exhaustivos tratados de historia eclesiástica, o bien títulos de carácter sensacionalista centrados en los aspectos más escandalosos de la vida de los pontífices. En cualquier caso, faltaban síntesis como esta Historia de los papas, una obra accesible pensada para un lector interesado pero no necesariamente experto en esta vertiente de la historia del Catolicismo. El hecho de que el libro que comentamos esté publicado por Fragmenta, editorial especializada en el ensayo filosófico y religioso disipa cualquier duda sobre la naturaleza de este meritorio ensayo.

Su autor, el historiador barcelonés Diego Sola, afirma que «La historia de los papas de Roma es tan larga que no bastaría con varios volúmenes para abordarla. Con casi dos mil años de historia, el papado es, además de una institución, casi un fenómeno histórico». Por tanto, es imposible en apenas doscientas páginas trazar una historia detallada del papado; pero sí es posible —y este libro lo consigue plenamente— remarcar sus hitos más importantes, que suelen coincidir con momentos de profundas crisis políticas, teológicas e históricas: «hemos enmarcado los acontecimientos que consideramos más relevantes y representativos en el largo fresco cronológico que ocupa el texto, interpretando corrientes históricas y etapas claramente delimitables».

Pocos momentos resultan tan definitorios en la historia de un hombre o de una institución como el de una crisis. Cuanto más grave y profunda sea, mejor puede uno mostrar sus luces y sombras y, si su sabiduría e inteligencia lo permiten, también su capacidad de reinventarse. Una crisis es un corte seccional sobre el cuerpo que deja al desnudo nuestras debilidades y carencias, pero también nos permite comprobar las esencias y valores genuinos que llevamos dentro. Esta historia de dos mil años, una historia de los papas al uso —o quizás no tan al uso—, no arranca en el siglo I de nuestra era, sino en medio de una crisis que amenazaba con derruir todo un edificio: el de la Iglesia de Roma. Con el paso de los siglos, esta Iglesia se había convertido en la confesión cristiana principal y hegemónica, pero en modo alguno era la única, sobre todo después de unos primeros tiempos de cristianismo dividido y enfrentado por motivos que no siempre fueron teológicos. Esta Iglesia se declaraba a sí misma como la Iglesia de Pedro, el apóstol a quien, según la tradición del Nuevo Testamento, Jesús había elegido para edificar su ekklēsía («Yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del reino de la muerte no prevalecerán contra ella. Te daré las llaves del reino de los cielos; todo lo que antes en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo», tal como se lee en el Evangelio de Mateo).

La crisis de 1517 es probablemente uno de los momentos más reveladores de la historia papal. De unos papas que primero al abrigo del Imperio romano, y luego, en la primera Edad Media, al abrigo de la perturbadora fragmentación política en Europa, se habían convertido en el cemento absoluto de un edificio definido por la figura del obispo de Roma. […]

En primer lugar hay que preguntarse cuándo y cómo el obispo de Roma se convirtió en el primero de los obispos de la Cristiandad, tanto en cuestiones eclesiales como de magisterio. Ya desde su origen, el obispo de Roma exhibía dos argumentos de peso: era el lugar del apostolado y el martirio de Pedro y de Pablo, y era la capital del Imperio, eje cultural y de las comunicaciones de su tiempo, de modo que el obispo romano ejercía desde el inicio labores de consejo y arbitrio de otras diócesis menores, un poder que muy poco a poco fue acrecentando su importancia, al mismo tiempo que fue desarrollando la teoría de la primacía de su sede sobre toda la Iglesia, primacía que empezó a ejercer en la mitad occidental del Imperio desde muy temprano. Con todo, el término «papa» no se empleó para referirse al obispo de Roma hasta muy avanzada la cristianización de Europa. Como se sabe, la palabra proviene del latín papas y del griego πάππας (páppas) y era un término de uso común en la iglesia oriental antigua para designar a obispos y presbíteros. De allí pasó a Occidente y desde el siglo VIII por decisión de Gregorio VII es de empleo exclusivo de quien está al frente de la Iglesia católica. Otra explicación sobre el origen del vocablo es que se corresponde con el acrónimo de Petri Apostoli Potestatem Accipiens, «El que recibe la Potestad del Apóstol Pedro». (Se da el caso de que también coincide con las iniciales de Padre, Apóstol, Pontífice y Augusto).

Como indiqué al principio, Diego Sola hace un recorrido objetivo y aséptico por los hechos esenciales de la historia del papado —cuando hace alguna apostilla o reflexión personal siempre es sensata y está bien traída, huyendo de los tópicos más trillados— que podrían resumirse, brevísimamente en los siguientes: clandestinidad, libertad de culto con Constantino (Edicto de Milán, 313), religión oficial con Teodosio (Edicto de Tesalónica, año 380), caída del Imperio romano de Occidente, poder territorial en Italia y conflictos con los reyes que se van afianzando en Europa, Cisma de Oriente (1054), Cisma de Occidente (1378-1417), Reforma protestante (siglo XVI), Revolución francesa, expansionismo de Napoleón, unificación de Italia y pérdida definitiva de los Estados Pontificios, lucha contra el modernismo y realización del Concilio Vaticano II. En cualquier caso, como corresponde a la institución más antigua de Occidente, nos enfrentamos a una historia compleja y no pocas veces problemática. A veces, ha sido el papado el que ha jugado un papel director y protagonista en el devenir histórico; otras veces, sobre todo desde el siglo XVIII, la Iglesia y el papado perdieron progresivamente todo su poder temporal y han sido arrastrados por las mareas ideológicas y los grandes movimientos históricos (y revolucionarios) o sociales. El permanente interés que suscita el papado lo expresa el autor al final del libro: «La historia del papado es materia historiográfica precisamente porque permite problematizarlo a la luz de unos hechos y unas decisiones que nos generan, todavía, interrogantes, y por los que nos gusta tener hipótesis y respuestas que nos permitan saber más para finalmente comprender».

En definitiva, nos encontramos ante un libro muy interesante y muy bien escrito que puede servir para el lector como una primera aproximación a la bimilenaria historia del papado, historia que vistos los tiempos que vivimos no sabemos cuánto tiempo continuará.

Puntuación: 4 (de 5)
Fragmenta Editorial (2022)
Colección: Fragmentos, 80
232 págs.

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La historia política de Europa y de gran parte de Occidente ha estado condicionada, desde su llegada al poder, por la Iglesia de Roma. No se puede entender la configuración de los actuales Estados occidentales sin el papel de los diferentes papas de la historia en las guerras de religión, en la pujanza y caída de las monarquías nacionales cristianas o en la configuración del ideario teológico y cosmogónico que ha dominado Europa (y el Nuevo Mundo) durante muchos siglos.

El papado ha sido siempre una fuente inacabable de rumores, conspiraciones, polémicas y luchas internas que han dejado una huella imborrable en el devenir de Europa, desde la caída del Imperio romano hasta los diferentes cismas religiosos, pasando por las cruzadas contra, por ejemplo, los cátaros y la Corona de Aragón. Esta Historia de los papas presenta de manera clara y diáfana la historia de la Iglesia católica y de su líder espiritual desde su fundación hasta hoy en día, exponiendo las luces y sombras que estas figuras han tenido a lo largo de la historia de Occidente en general y de los países de habla hispana en particular. (Sinopsis de la editorial)

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Diego Sola García (Granollers, 1988) es doctor en historia moderna con premio extraordinario por la Universidad de Barcelona, donde actualmente es profesor lector y director del máster en Historia e Identidades en el Mediterráneo Occidental (siglos XV-XIX).

Sus principales intereses son el estudio de la espiritualidad y la cultura religiosa en época moderna, las mediaciones culturales en la monarquía hispánica y la historia de los misioneros ibéricos en Asia. Su tesis doctoral,  El cronista de China. Juan González de Mendozaentre la misión, el imperio y la historia (2018), ya trataba estas cuestiones.

La Historia de los papas que Fragmenta edita ahora no es la primera incursión de Sola en el campo de la divulgación de la historia de las religiones. En 2017 ya publicó Europa se desangra. Las guerras de religión (Bonalletra Alcompás-EMSE).

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