{Reseña} Joseph Ratzinger: Una mirada a Europa (Rialp)

81E6HMbAmyS

Joseph Ratzinger publicó Una mirada a Europa hace casi treinta años, en 1992. Ahora, dado el acuciante interés sobre el presente y el futuro de Europa, vuelve a ser reeditarla por Rialp. Este libro es la traducción española de Svolta per l’Europa. Chiesa e modernita nell’Europa dei rivolgimenti, un volumen publicado en Italia con ensayos y conferencias escritos por el entonces cardenal y Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. El subtítulo de la edición italiana (Iglesia y modernidad en la Europa de las convulsiones) expresa la tensión que se vive en entre la tradición religiosa cristiana —más que con la Iglesia, con una concepción trascendente de la vida humana— y una sociedad crecientemente conflictiva y embarcada en guerras culturales autodestructivas. Lógicamente Joseph Ratzinger, como teólogo y hombre de la Iglesia, centra su atención preferente en el impacto que los grandes movimientos históricos y políticos que ha vivido el mundo europeo han tenido sobre los fundamentos últimos que definen la vida religiosa y en el ethos general de la sociedad. 

Estos trabajos, escritos entre 1988 y 1991, están recorridos por el profundo impacto producido por la reciente caída del Muro de Berlín y el colapso de los regímenes comunistas de Europa oriental. En esos años Ratzinger recibió numerosas invitaciones para intervenir en debates sobre el tema de la relación entre la Iglesia y el mundo. En la mayor parte de los casos, los temas eran formulados por los anfitriones y giraban en torno a problemas que, en cada situación concreta, parecían particularmente acuciantes. Este volumen recoge, dividido en dos partes (Iglesia y mundo moderno. Elementos esenciales y problemas de fondo y Diagnóstico y pronóstico) y con apenas retoques, algunos de los trabajos más importantes surgidos de esos encuentros.

Parecería que el triunfo final y global del sistema capitalista —el “fin de la historia”, según el pronóstico de Francis Fukuyama— aseguraría el ejercicio pleno de la libertad religiosa y de conciencia en Europa. Sin embargo, Ratzinger considera que tanto el liberalismo como el marxismo coinciden en negar a la religión el derecho y la capacidad de plasmar la respublica y el futuro común de la humanidad. Por el contrario, la religión es para Ratzinger una fuerza inalienable de la vida individual y social, y es evidente que el futuro no puede ser planeado ni construido a espaldas de ella. A esta intuición —total convicción en su caso— se dedican estas reflexiones.

EN LA LITERATURA CONTEMPORÁNEA, en las artes figurativas, en películas y representaciones teatrales, prevalece una imagen sombría del hombre. Todo cuanto sea grande y noble despierta a priori sospechas. Debe ser bajado de su pedestal y revalorizado. La moral se juzga hipocresía; la felicidad, autoengaño. Quien se confía con sencillez a la belleza y a la bondad peca de ingenuidad o persigue fines ocultos. La sospecha es la actitud moral legítima; el enmascaramiento es su principal resultado. La crítica de la sociedad es un deber; los peligros que nos amenazan nunca serán descritos de modo suficientemente crudo y espantoso. Sin embargo, la complacencia en lo negativo tiene sus límites.

Al mismo tiempo se difunde un «optimismo obligatorio», del cual no se puede prescindir impunemente. Quien, por ejemplo, se atreve a decir que en el desarrollo de la cultura moderna no todo ha seguido el camino correcto y que en algunos ámbitos esenciales sería necesario reflexionar de nuevo sobre la sabiduría común a las grandes civilizaciones del pasado, yerra en su crítica. Tropezaría de inmediato con una defensa a ultranza de las alternativas fundamentales de la modernidad. La insistencia en lo negativo no hace lícito someter a una discusión seria la convicción de que la directriz esencial del desarrollo histórico es el progreso y que, por tanto, el bien se encuentra solo en el futuro.

La sorprendente ambigüedad de la crítica actual a la sociedad se hace evidente cuando se consideran con atención las actitudes diametralmente opuestas con las que la opinión pública dominante ha reaccionado ante dos sucesos, señalados como los más graves desafíos morales de los últimos años.

Aunque son muchos los temas tratados, tales como la reunificación de Alemania o los fenómenos del auge del terrorismo y el consumo de drogas —que para Ratzinger derivan del vacío espiritual en que viven las nuevas generaciones—, el grueso de las reflexiones de nuestro autor inciden en indagar y establecer cuáles son las fuentes del derecho que pueden ser aceptadas como base por todo el cuerpo social. Hasta hace pocas décadas en la sociedad europea estos fundamentos venían dados por el derecho natural, tácitamente aceptados por la comunidad política desde la más remota antigüedad. Este derecho sería el conjunto de normas y principios jurídicos que se derivan de la propia naturaleza y de la razón humana, que existen como principios inmutables y universales y, por tanto, estaríamos hablando de un derecho anterior, superior e independiente al derecho escrito, positivo y consuetudinario. Sin embargo, Ratzinger fue el primer intelectual dentro de la Iglesia que ya desde los años sesenta advirtió con crudeza y realismo que el mundo europeo occidental nacido tras la Segunda Guerra Mundial era un mundo esencialmente materialista radical y ateo. Tras el colapso del socialismo real el triunfo en Europa de las ideologías posmarxistas y de un positivismo que se expresa en la absolutización del principio mayoritario se transforma, antes o después, en nihilismo autodestructor. De forma realista, Ratzinger admite: «En la sociedad moderna, sólo una parte muy pequeña de los hombres cree aún en la existencia de los mandamientos divinos. […] El fenómeno moral, como el religioso, se considera perteneciente a la esfera de subjetividad; no tiene carta de ciudadanía alguna en las dimensiones de la objetividad. Si son subjetivos son fruto de una opción humana. No nos preceden, somos nosotros quienes los producimos».

Ratzinger considera que esta conflictiva relación entre derecho y justicia, entre razón práctica (moral) y razón instrumental (pragmática) no se puede solucionar mediante la restauración de un sistema político confesional en Europa («No tendría ningún sentido buscar la vuelta a un pasado. No existe ningún camino hacia atrás. Una idea de Europa que no consiguiera integrar la herencia de la época moderna no tendría futuro»). Europa es un continente cultural e histórico cuya raíz principal es el cristianismo, pero que tiene también una raíz ilustrada. Sólo un diálogo fructífero y sincero entre los dos brazos del tronco cultural europeo, esto es, entre razón y fe (tema al que ha dedicado Ratzinger multitud de trabajos). La propuesta final de Joseph Ratzinger a los sectores sociales no religiosos y laicistas radicales es que entiendan que una sociedad que se construye desde una perspectiva agnóstica y escéptica y que permite que lo demás subsista sólo al margen de lo público, no sobrevive mucho tiempo; la solución es integrar las tradiciones espirituales en el acervo político («El hombre tiene necesidad de la trascendencia. La pura inmanencia le queda demasiado estrecha»). En cuanto a la aptitud que debe tomar la Iglesia en este contexto, escribe: «No le está permitido a un simple medio para moralizar la sociedad. Menos aún debe legitimarse mediante la utilidad de las obras sociales […] debe hacer, ante todo, lo que les es propio». (Recordemos que en un diálogo que Joseph Ratzinger sostuvo en 2004 con el filósofo Jürgen Habermas, éste reconocía, para sorpresa de muchos, que un agnóstico debería escuchar el saber contenido en las tradiciones religiosas).

Ensayo magnífico, Una mirada a Europa confirma la importancia de Ratzinger como pensador, hecho continuamente confirmado por la exactitud con que se están cumpliendo la mayoría de sus predicciones. Muy recomendable.

Ediciones Rialp (2021)
Colección: Fuera de Colección
Traducción: Lourdes Rensoli
184 págs.

Puntuación: 5 (de 5)

Ver y Comprar este libro en Amazon: https://amzn.to/3zc86dN

88

Según el autor, hay tres hechos de enorme importancia en el contexto europeo, que repercuten en la historia reciente en todo el mundo: los cambios del mapa europeo tras la Primera Guerra Mundial, con el derrumbamiento de las monarquías de Europa Central y de la Rusia zarista; la división de Europa en dos bloques -liberalista y marxista- tras las Segunda Guerra Mundial, y la descomposición de la ideología marxista. Liberalismo y marxismo coincidían en negar a la religión el derecho y la capacidad de plasmar el futuro común de la humanidad, pero la segunda mitad del siglo XX ha puesto en evidencia que no puede construirse el futuro de la humanidad a espaldas de la religión. (Sinopsis de la editorial)

502abbce4983d54264d8ada938566090b

Joseph Ratzinger nació en Marktl am Inn (Alemania) en 1927, y fue ordenado sacerdote en 1951. Es Doctor en Teología desde 1953, y ha sido catedrático, entre los años 1959 y 1977, en las Facultades de Teología de Bonn, Münster, Tubinga y Ratisbona. En 1972 fundó, junto con Urs von Balthasar y Henri de Lubac entre otros, la revista sobre teología Communio. Posteriormente, en 1977, fue nombrado arzobispo de Munich y cardenal. Desde 1981 fue Prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe y Presidente de la Pontificia Comisión Bíblica y de la Comisión Teológica Internacional, hasta que el 19 de abril de 2005 fue elegido papa y tomó el nombre de Benedicto XVI. Tras ocho años de pontificado, renunció al ministerio papal el 28 de febrero de 2013, pasando a ser papa emérito.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s