{Reseña} Victoria Cirlot / Blanca Garí: La mirada interior (Siruela)

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Hoy comentamos La Mirada Interior. Mística femenina en la Edad Media, de Victoria Cirlot y Blanca Garí, reedición y ampliación del libro del mismo título publicado en 2008, que nos brinda Siruela dentro de su colección El Árbol del Paraíso. En esta nueva edición se incluye una segunda parte titulada Identidad femenina, escritura del corazón, itinerarios espirituales y visión, con las últimas investigaciones de las autoras en estos últimos años, si bien la primera (ocho mujeres, sus vidas y su obra), constituye el corpus principal de la obra.

Si bien para el gran público los nombres de las místicas cuya vida y obras traen las profesoras Cirlot y Garí no son conocidas en absoluto quizás pueda resultar vagamente familiar Hildegarda de Bingen, sí resultan interesantes para los estudiosos de la mística europea medieval, ya que contrastan sus obras como plasmación de sus visiones y vivencias místicas o espirituales con el misticismo puramente especulativo de un Maestro Eckhart, por citar a un contemporáneo del s. XIII-XIV, o a unos posteriores Paracelso o, Jakob Böhme.

La primera parte del libro consta de ocho estudios sobre la vida y obra de nuestras místicas: Hildegarda de Bingen o la imaginación visionaria, Hadewiijch de Amberes o la tormenta de amor, Beatriz de Nazaret o un amor sin porqué, Matilde de Magdeburgo y su dulce caída, Margarita de Oingt la mujer árbol, Ángela de Foligno y el grito, Margarita Poyete y el anonadamiento del alma y Juliana de Norwich y su “todo acabará bien”. Sería muy prolijo en estas páginas tratar de desgranar a cada una de ellas, pero sí podemos apuntar algunos rasgos comunes, que pueden justificar la existencia de una mística femenina en la Edad Media como tal. Para el lector y estudioso actual, lo primero es reconocer el contexto en el que vivieron. Hay que situar sus vidas en su mundo, en su tiempo (s. XII-XIV) y en la cultura de la época. Y para más dificultad, en el hecho de ser mujeres, lo que les impedía enseñar, por lo que afortunadamente para nosotros, sólo podían escribir (por sí mismas o por otras, como en el caso de la analfabeta Ángela de Foligno). Y, como todos los místicos en general, enfrentadas a la Iglesia, a lo ortodoxo,  a lo común. Lo que llevó a Margarita Porete a la hoguera en 1310 por ser considerada herética por los teólogos de la Sorbona de París, y olvidada junto a su obra El Espejo de las Almas Simples hasta su recuperación ya en pleno siglo XX.

En contraposición estuvo Hildegarda de Bingen (1098-1179), reconocida en su tiempo, apodada Sibila del Rin, y apoyada por la Iglesia que la animó a escribir. Transcribió sus visiones en complejos textos acompañados de enigmáticas ilustraciones y en música con características sinestésicas, ya que trasladaba la luz de las visiones en acordes que excedían claramente los límites del Gregoriano de la época. Juan Pablo II reconoció los dones sobrenaturales de Hildegarda y en 2012 fue proclamada santa por Benedicto XVI.

Mujeres que escriben, mujeres que hablan en la Edad Media acerca de lo que les sucede en un espacio invisible: el de la interioridad. Escriben y hablan de una experiencia interior. Mujeres, escritura, experiencia interior: la conjunción de estos tres elementos es explosiva por lo insólita en la cultura medieval. Es tan insólita que no parece verdad. Y, sin embargo, lo es. En la Edad Media, las mujeres se apropiaron de los instrumentos de escritura para hablar de sí mismas y de Dios, pues Dios fue lo que encontraron en sus cámaras, en sus moradas, en sus castillos del alma. Rompiendo las barreras de un mundo que las había condenado al silencio, alzaron sus voces que fueron oídas porque salían de sus excesos sobrenaturales. Articularon sus voces en sus cuerpos, convertidos en signos de Dios, mostrando visiblemente su santidad. Y de este modo se lanzaron a la aventura de poner sus almas a la intemperie y sufrir las transformaciones, los trabajos de la espera. A la espera de Dios: toda la pasividad del mundo se concentra en la celda interior. Pues, a la espera de su nada, esperaron ser vencidas, aniquiladas en la divinidad.

La experiencia mística contenida en sus palabras y recogida en los textos es uno de los grandes tesoros de la espiritualidad del Occidente europeo. A la caverna donde esa experiencia mora hay que acercarse, sin embargo, con temor y temblor. No se puede llegar con los nombres de nuestro siglo y tratar sin más de conquistarla nombrando: histeria, depresión, anorexia. Nombraremos, pero de nada servirá, pues permanecerá herméticamente cerrada, sin que sus palabras fluyan hasta nosotros. Hay que vencer las murallas de los siglos dejando atrás el sentimiento de superioridad del nuestro y tratando de comprender el suyo. Es necesario resituar las palabras en su mundo, en su cultura. Es necesario reconstruir, contextualizar. Sin ese trabajo previo es imposible recuperar el significado, de modo que los textos puedan responder a nuestras preguntas. ¿Qué les sucedió a aquellas mujeres de la Edad Media para que lograran deshacer las construcciones de su cultura y qué sucedió en esa misma cultura para permitir que semejante fenómeno ocurriera? ¿Cómo descubrir en sus experiencias sus vidas? Pues, para que efectivamente hablemos de experiencia, algo habrá de tener que ver con la vida.

La respuesta pasa por traer a nuestro mundo y a nuestra cultura las palabras de Hildegarda de Bingen, Hadewijch de Amberes, Beatriz de Nazaret, Matilde de Magdeburgo, Margarita de Oingt, Ángela de Foligno, Margarita Porete y Juliana de Norwich. ¿Por qué justamente ellas? Esas ocho mujeres nos hablan directamente. Sus vidas llegan hasta nosotros desde su propia escritura y desde su propia voz. Su testimonio revela de forma ejemplar la gran experiencia mística: en la potencia de su facultad visionaria (Hildegarda), en la belleza de su voz poética (Hadewijch, Beatriz, Matilde), en la resonancia de su universo simbólico (Margarita de Oingt), en la profundidad de su conocimiento teológico (Margarita Porete, Juliana) o en la intensidad misma de su experiencia (Ángela de Foligno). Presentarlas en sus mundos, esa es la intención que nos ha movido. Tratar de colocar sus palabras en el lugar que les corresponde, tal es el reto propuesto.

Y entre la santidad y la hoguera, el resto. Nos encontramos frente al testimonio de una religiosidad de la experiencia, unas mujeres excepcionales que recogen en sus obras uno de los grandes tesoros de la espiritualidad del Occidente europeo, que se proyectarían en figuras como en Maestro Eckhart y sólo pueden compararse con las dos grandes celebridades de la mística española, si bien bastante posteriores en el tiempo,  Santa Teresa de Ávila y San Juan de la Cruz.

Como conclusión nos permitimos recomendar en esta misma colección algunos títulos como El espejo de las almas simples, de Margarita Porte, Libro de la experiencia, de Ángela de Foligno o Vida y visiones de Hildegarda de Bingen, si desean profundizar en algunas de las místicas recogidas en La Mirada Interior.

Agradecemos a Siruela la existencia y las continuas ediciones y reediciones dentro de El Árbol del Paraíso. Su labor permite poner a disposición del público los textos más importantes de la mística, no sólo cristiana, sino también judía, islámica y de otras tradiciones orientales, y desde la antigüedad hasta nuestros días. Si están interesados en esta espiritualidad heterodoxa y libre, o en este campo de conocimiento, pueden adquirir prácticamente a ciegas cualquier libro de la colección, ya que la cualquier título merece la pena.

«Por lo tanto tú, ¡oh, hombre!, di las cosas que veas y oigas; y escríbelas no según tu parecer, sino según la voluntad del que sabe, el que ve y el que dispone todas las cosas en los secretos de sus mestarios». Hildegarda de Bingen.

Puntuación: 5 (de 5)
Editorial Siruela (2021)
Colección: El Árbol del Paraíso, 100
348 págs.

(Reseña de M.J.R.)

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Monjas

La mirada interior reúne las historias de ocho mujeres místicas y visionarias, del siglo XII al XIV, y se analizan y comentan los testimonios directos de sus experiencias. Hildegarda de Bingen fue el umbral que condujo al gran resplandor místico del siglo XIII, en que mujeres como Hadewijch de Amberes, Beatriz de Nazaret, Matilde de Magdeburgo o Margarita de Oingt escribieron acerca de su experiencia de Dios en lenguas vulgares, en unas obras que denotan su gran cultura y que constituyen el mejor testimonio de la espiritualidad femenina de la época. Ángela de Foligno, analfabeta, conmueve por la autenticidad de una experiencia que tuvo que ser escrita por su confesor, mientras Margarita Porete es claro antecedente del Maestro Eckhart. Juliana de Norwich cierra este espacio con su extraordinario El libro de las revelaciones de Amor.

Esta nueva edición integra temas que han sido objeto de investigación por parte de las autores a lo largo de los últimos años: la identidad femenina, la escritura, los itinerarios espirituales y la visión. (Sinopsis de la editorial)

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Victoria Cirlot nace en Barcelona en 1955. En la actualidad es catedrática de filología románica en la Facultad de Humanidades de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona, y Directora del Doctorado en dicha Universidad. Se ha dedicado al estudio de la Edad Media: cultura caballeresca y mística. Realizó diversas traducciones de novelas artúricas de los siglos XII y XIII del francés antiguo, como por ejemplo Perlesvaus o El alto libro del Grial (publicado en Siruela con varias reediciones) y también de lírica trovadoresca (Jaufré Rudel, El amor de Ionh, Columna, Barcelona 1998). Entre sus libros dedicados a la novela artúrica destaca Figuras del destino. Mitos y símbolos de la Europa medieval, Siruela, Madrid 2005. En el ámbito de la mística medieval se ha ocupado de Hildegard von Bingen (Vida y visiones de Hildegard von Bingen, Siruela, Madrid 1997-2006), así como de otras escritoras místicas (La mirada interior. Escritoras místicas y visionarias de la Edad Media, Siruela, Madrid 2008, en colaboración). Ha trabajado acerca del fenómeno visionario en estudios comparativos de la Edad Media y siglo XX : Hildegard von Bingen y la tradición visionaria de Occidente, Herder, Barcelona 2005, y en La visión abierta. El mito del Grial y el surrealismo, Siruela, Madrid 2010). Es directora de la colección El Árbol del Paraiso de la editorial Siruela. También se ha ocupado de la edición de la obra de su padre, el poeta y autor del Diccionario de símbolos, Juan Eduardo Cirlot.

Blanca Garí de Aguilera es doctora en Historia por la Universidad Autónoma de Barcelona. A lo largo de su trayectoria profesional ha desarrollado varias líneas de investigación pero sobre todo, desde hace más de veinte años, trabaja en el campo de la espiritualidad medieval, especialmente en el ámbito de la religiosidad femenina. Ha participado en proyectos nacionales e internacionales y ha dirigido y dirige múltiples trabajos de investigación y tesis doctorales relacionadas con el tema. Actualmente es Coordinadora del SGR MAHPA-Grupo de Investigación consolidado en estudios Medievales de Arte, Historia, Paleografía y Arqueología (2014 SGR 794); es la investigadora principal del proyecto CLAUSTRA. Atlas de espiritualidad femenina de los Reinos Peninsulares (HAR2011-25127); y forma parte del Management Committee del proyecto New Communities of Interpretation: Contextos, Strategies and Processes of Religious Transformation in Late Medieval and Early Modern Europe liderada por la Universidad de Groningen (COST-Action IS1301).

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